Antares
Poeta adicto al portal
“El desencanto alivia las penas de amores”.
Partió de allí.
De una esquina de cualquier calle
donde los grises no cambian.
Huyó de vivir una fiesta,
que no era la suya,
a encontrarse cara a cara
con la realidad de enfrentar al Dios,
que creía sabía espantar
sus demonios.
Las calles se estrechaban cada vez más,
oprimiendo el bombeo de su corazón.
Corazón que había dejado seco.
Llegó la noche
con su perversa oscuridad,
dejando neutros sentimientos
de desencantos vitales.
Son noches frías,
noches de hielo.
Amanece…
Tocan a duelo campanas de plata.
Silencio y más silencio.
Tiempo y espacio
logran su tregua.
Llueve un buen día
en el que se bañan los gatos.
Ya todo es diferente.
Se difumina el amor
con sólo un trazo de carboncillo
en el lienzo de la vida.
Ella creció.
Fortaleció su corazón
con amores sinceros.
Partió de allí.
De una esquina de cualquier calle
donde los grises no cambian.
Huyó de vivir una fiesta,
que no era la suya,
a encontrarse cara a cara
con la realidad de enfrentar al Dios,
que creía sabía espantar
sus demonios.
Las calles se estrechaban cada vez más,
oprimiendo el bombeo de su corazón.
Corazón que había dejado seco.
Llegó la noche
con su perversa oscuridad,
dejando neutros sentimientos
de desencantos vitales.
Son noches frías,
noches de hielo.
Amanece…
Tocan a duelo campanas de plata.
Silencio y más silencio.
Tiempo y espacio
logran su tregua.
Llueve un buen día
en el que se bañan los gatos.
Ya todo es diferente.
Se difumina el amor
con sólo un trazo de carboncillo
en el lienzo de la vida.
Ella creció.
Fortaleció su corazón
con amores sinceros.
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