abcd
Poeta adicto al portal
Proyectar ojos sobre ojos. Abrir cada luz que llore en sombras, sombra y luz. Interpretar al topo como germen lírico, a tu voz como viento enclítico y al roce del eufemismo en piel como un extrañamiento a la lengua, al silencio y al resto de vos que queda en mi cada vez que te grito callando.
El problema es la moral tierra adentro. Explorar el pensamiento de vos es el génesis de lo onírico en el seno de una perversión mayor. Atar y desatar el lenguaje en los ríos de tus piernas; ahorcar y liberar el dulce narcotismo que implica tu pecho desnudo; libar y ensayar sobre el ombligo una alquimia de afonías en rubíes salivales; nacer y morir en el diálogo de tus almas ausentes resabio, vestigio de penetración mental.
Los instrumentos que son las sillas a tu mesa, los conciertos entre ventanas y `puertas para la tos, los detalles que otros ignoran: las marcas de tus pies en la pared, el beso de tus ojos en mis libros cerrados, el espectro que nubla mi boca con tu aroma, la fatiga del sol por empujar la luna a 15 centímetros de tu vientre.
No, no es que otra vez no tenga valor para nombrarte. Quizá las letras que dan significado a la humedad se han quedado en tantos versos que hoy, en este instante no llegan ni a titubear con la hormona de esta birome. Moriría, si es que no estoy muerto, por ser inocente de tu olvido. En el frasco ha sido todo una pastilla de mentiras.
El problema es la moral tierra adentro. Explorar el pensamiento de vos es el génesis de lo onírico en el seno de una perversión mayor. Atar y desatar el lenguaje en los ríos de tus piernas; ahorcar y liberar el dulce narcotismo que implica tu pecho desnudo; libar y ensayar sobre el ombligo una alquimia de afonías en rubíes salivales; nacer y morir en el diálogo de tus almas ausentes resabio, vestigio de penetración mental.
Los instrumentos que son las sillas a tu mesa, los conciertos entre ventanas y `puertas para la tos, los detalles que otros ignoran: las marcas de tus pies en la pared, el beso de tus ojos en mis libros cerrados, el espectro que nubla mi boca con tu aroma, la fatiga del sol por empujar la luna a 15 centímetros de tu vientre.
No, no es que otra vez no tenga valor para nombrarte. Quizá las letras que dan significado a la humedad se han quedado en tantos versos que hoy, en este instante no llegan ni a titubear con la hormona de esta birome. Moriría, si es que no estoy muerto, por ser inocente de tu olvido. En el frasco ha sido todo una pastilla de mentiras.