Princesa
Poeta que considera el portal su segunda casa
*Una pulguita y un piojo*
Una pulguita y un piojo
cierta tarde se encontraron,
ella estaba muy contenta
y él andaba cabizbajo.
Le contó a su compañera
muy serio y acongojado:
-El viejito donde alquilo
se me está quedando calvo.
Ella dijo no te apures,
tengo un remedio barato:
colúmpiate de los pelos
como lianas, y colgado
serás como el hombre mono
entre cabellos escasos,
y tal vez ese problema
se convierta en agasajo.
Pero pulga, ¡Qué me dices!
Viene el frío y yo me tapo,
cuatro pelitos le quedan
y sufriré un resfriado.
Le brilla como la luna
la cabeza y es tan alto
que cuando llego allá arriba
ni fuerzas ya me quedaron.
Entonces ella agregó:
yo te sugiero, muchacho,
que busques otro alquiler
y saltes como macaco
a la testa de su esposa,
cuyo pelo es estropajo,
abundante a no poder,
donde tendrás sin recato
cobijo para el invierno
y comida en gran abasto.
Es que le tomé cariño
y no es oneroso el gasto,
su sangre rica y liviana,
exquisito y dulce plato.
La pulga entonces se marcha,
el piojo más relajado
seguirá en esa pelada
y aunque el cabello es escaso
le buscará más ventajas
a la testa de este calvo;
será para echar carreras
como pista de caballos,
para bailar una rumba,
patinar fuerte y despacio,
también sentirse Tarzán
entre esos pelos tan ralos.
