Una Salsa CaribeÑa

Eduardo Morguenstern

Poeta que considera el portal su segunda casa
UNA SALSA CARIBEÑA



Una playa solitaria.
Se retira el sol pintando
sobre el fondo celeste del cielo
rosadas fantasías.
Tibias aún las suaves sábanas de arena
al beso de nocturnas brisas
esperan ser más frescas.
Y grande y manso y silencioso
como un cielo invertido
de un oscuro y marrón mercurio
-de tanta magia y quietud en el ocaso-
se hace cómplice el río.
Rompe tanta calma queda
-desde algún lugar perdido-
excitante, una salsa caribeña
y allí, en el límite del mundo
entre cielo, agua y tierra
como dos fantasmas negros
que al calor escaparon de la selva,
al ritmo del tambor enloquecido
trepidando en las caderas
-ritmo sensual, sudor y músculos-
se entrelaza en lujurioso baile
en la tarde sofocante una pareja...

Eduardo A. Morguenstern ,
 
Gracias... gracias...
Me interesa realmente la aprobación de un guerrero de tantas lides y victorias en el mundo de las letras. Todo lo que leo de tí me despierta viva admiración, y por ello me alientan tus opiniones!

Triple fraternal abrazo.

EDUARDO MORGUENSTERN
 
Un maravilloso lirismo escapa de tus veros, amorosos, tiernos y sensuales en esta danza caribeña, me encantarón las metáforas y el desenlace que le diste a los versos, ese maravilloso cierre por si queda alguna duda.
Encantada de estar en este tu rincón poético. Cariños y mis luceritos, cinco soles colgaditos del firmamento de tus versos.
 
UNA SALSA CARIBEÑA



Una playa solitaria.
Se retira el sol pintando
sobre el fondo celeste del cielo
rosadas fantasías.
Tibias aún las suaves sábanas de arena
al beso de nocturnas brisas
esperan ser más frescas.
Y grande y manso y silencioso
como un cielo invertido
de un oscuro y marrón mercurio
-de tanta magia y quietud en el ocaso-
se hace cómplice el río.
Rompe tanta calma queda
-desde algún lugar perdido-
excitante, una salsa caribeña
y allí, en el límite del mundo
entre cielo, agua y tierra
como dos fantasmas negros
que al calor escaparon de la selva,
al ritmo del tambor enloquecido
trepidando en las caderas
-ritmo sensual, sudor y músculos-
se entrelaza en lujurioso baile
en la tarde sofocante una pareja...

Eduardo A. Morguenstern ,

Maestría en los versos, un lujo leerlos. Bellísima cadencia, armonía y elegancia con espléndidas imágenes.
Te aplaudo poeta, aquí dejo mis cinco luceritos y un beso con mi admiración y cariño para ti,:::hug:::
 
no había tenido el gusto de leerte Eduardo, en este infinito mundo de poesía, y te digo de verdad me has dejado una sensación exquisita en tus versos... que excelencia tienes poeta trasandino... muy encantado de leerte... mis mas afectuosos saludos desde Chile... Ramiro
 
UNA SALSA CARIBEÑA



Una playa solitaria.
Se retira el sol pintando
sobre el fondo celeste del cielo
rosadas fantasías.
Tibias aún las suaves sábanas de arena
al beso de nocturnas brisas
esperan ser más frescas.
Y grande y manso y silencioso
como un cielo invertido
de un oscuro y marrón mercurio
-de tanta magia y quietud en el ocaso-
se hace cómplice el río.
Rompe tanta calma queda
-desde algún lugar perdido-
excitante, una salsa caribeña
y allí, en el límite del mundo
entre cielo, agua y tierra
como dos fantasmas negros
que al calor escaparon de la selva,
al ritmo del tambor enloquecido
trepidando en las caderas
-ritmo sensual, sudor y músculos-
se entrelaza en lujurioso baile
en la tarde sofocante una pareja...

Eduardo A. Morguenstern ,


Divino momento del ocaso donde entre cielo y tierra dos cuerpos se unen en el brio y el sabor de la salsa caribeña.
Tu poema me ha trasportado hasta ese mágico momento amigo Eduardo.
Gracias por hacerme viajar desde la silla hasta el caribe.
precioso y grandioso poema amigo.
Felicitaciones sinceras y mis aplausos a miles y estrellas para esa noche de salsa.
besos de todo corazón.
 
UNA SALSA CARIBEÑA



Una playa solitaria.
Se retira el sol pintando
sobre el fondo celeste del cielo
rosadas fantasías.
Tibias aún las suaves sábanas de arena
al beso de nocturnas brisas
esperan ser más frescas.
Y grande y manso y silencioso
como un cielo invertido
de un oscuro y marrón mercurio
-de tanta magia y quietud en el ocaso-
se hace cómplice el río.
Rompe tanta calma queda
-desde algún lugar perdido-
excitante, una salsa caribeña
y allí, en el límite del mundo
entre cielo, agua y tierra
como dos fantasmas negros
que al calor escaparon de la selva,
al ritmo del tambor enloquecido
trepidando en las caderas
-ritmo sensual, sudor y músculos-
se entrelaza en lujurioso baile
en la tarde sofocante una pareja...

Eduardo A. Morguenstern ,

Excelente salsa amigo Eduardo, a sido un verdadero placer recorrer tus descriptivos versos.
 

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