Una tarde

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
La silueta de la tarde

resbala sobre el mar.


Una luz naranja

se deshace lenta en el agua

como besos sin vehemencia.


El aire suaviza los pensamientos

igual que una caricia lenta,

como las caricias del amanecer.


Nace la noche con plomo en su cielo,

como un parto esperado,

doloroso y sin estrépito,

acunado al final

por el sueño del esfuerzo.


La templanza de su montera parda

no deja pasar a la luna,

no se advierte luz

en su techo de opaco cristal.
 
La silueta de la tarde

resbala sobre el mar.


Una luz naranja

se deshace lenta en el agua

como besos sin vehemencia.


El aire suaviza los pensamientos

igual que una caricia lenta,

como las caricias del amanecer.


Nace la noche con plomo en su cielo,

como un parto esperado,

doloroso y sin estrépito,

acunado al final

por el sueño del esfuerzo.


La templanza de su montera parda

no deja pasar a la luna,

no se advierte luz

en su techo de opaco cristal.
Es sublime la imagen del crepúsculo vespertino que de a poco de torna en noche, lóbrega, sin luna. Se cuela un aire salado de soledad en el alma.
Muchas gracias, compañera María, por seguir regalándonos tus miradas interiores tan bellas.
Saludos cordiales.
 

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