Viten
Poeta fiel al portal
Hoy me siento en silencio a llorar; no sé porqué lo hago, no tengo razones, solo quiero hacerlo. Gente pasa a mí alrededor, me mira y sigue su camino, ¡Un abrazo por favor! Es lo único que pido, solo uno y me perderé en el silencio eterno de mi pensamiento.
Agachando la mirada, me levanto y noto como el cielo se apiada de mí, mil nubes cruzan rápidamente sobre mi frente cubriendo el sol agobiante que caía, ya hace pocos instantes, en Guayaquil.
Con paso firme avanzo y en las vitrinas, como burlándose, personas felices asoman. Una foto de recuerdo, pienso mientras una lágrima se desprende, otra vez, de mi ojo derecho, he comenzado a volver a llorar en silencio y gente pasa a mí alrededor, todos me miran y siguen avanzando.
Ahora el cielo parece apoyarme y una suave llovizna empieza a caer. Camino sin miedo a mojarme, camino, camino, camino
Una niña se acerca y me dice ¿Esta triste? Compre una flor para que se alegre - Increíblemente en mi rostro se dibuja una sonrisa, compro la rosa y descubro que amo las flores.
La llovizna no cesa, hay probabilidades de que se convierta en una tormenta, yo sigo desanimado, camino sin rumbo, oliendo una rosa que trae recuerdos a mi mente.
Dura poco tiempo mi alegría, la rosa cae y libera sus pétalos, los cuales son arrastrados hacia el medio de la calle. ¿Por qué vine hasta aquí?, me pregunté ya que parecía que mi mente se ha borrado con intención.
Ahora lo entiendo, pienso casi al minuto después de ver el cuadro que se dibujaba frente a mí Ahí estaba, en los brazos de otra persona el ser que más amo. ¿Cómo el cielo no se hubiese apiadado de mí sabiendo el futuro, reconociendo que lo que vería es demasiado? Un beso entre ellos revela el motivo de mi llanto, entonces lloro con fuerza, tanto que las gotas de lluvia acompañan mi dolor, la tormenta ha empezado, entonces me doy cuenta que da la impresión de que soy fuerte ante cualquier situación. Gran mentira.
Ahora me siento en silencio a llorar; sé porqué lo hago, tengo razones, quiero hacerlo, ya no quiero vivir. Sobre el frío pavimento me recuesto, la gente que pasa a mí alrededor me ve, sienten pena por mí y luego siguen su camino. ¡Un abrazo por favor!
Agachando la mirada, me levanto y noto como el cielo se apiada de mí, mil nubes cruzan rápidamente sobre mi frente cubriendo el sol agobiante que caía, ya hace pocos instantes, en Guayaquil.
Con paso firme avanzo y en las vitrinas, como burlándose, personas felices asoman. Una foto de recuerdo, pienso mientras una lágrima se desprende, otra vez, de mi ojo derecho, he comenzado a volver a llorar en silencio y gente pasa a mí alrededor, todos me miran y siguen avanzando.
Ahora el cielo parece apoyarme y una suave llovizna empieza a caer. Camino sin miedo a mojarme, camino, camino, camino
Una niña se acerca y me dice ¿Esta triste? Compre una flor para que se alegre - Increíblemente en mi rostro se dibuja una sonrisa, compro la rosa y descubro que amo las flores.
La llovizna no cesa, hay probabilidades de que se convierta en una tormenta, yo sigo desanimado, camino sin rumbo, oliendo una rosa que trae recuerdos a mi mente.
Dura poco tiempo mi alegría, la rosa cae y libera sus pétalos, los cuales son arrastrados hacia el medio de la calle. ¿Por qué vine hasta aquí?, me pregunté ya que parecía que mi mente se ha borrado con intención.
Ahora lo entiendo, pienso casi al minuto después de ver el cuadro que se dibujaba frente a mí Ahí estaba, en los brazos de otra persona el ser que más amo. ¿Cómo el cielo no se hubiese apiadado de mí sabiendo el futuro, reconociendo que lo que vería es demasiado? Un beso entre ellos revela el motivo de mi llanto, entonces lloro con fuerza, tanto que las gotas de lluvia acompañan mi dolor, la tormenta ha empezado, entonces me doy cuenta que da la impresión de que soy fuerte ante cualquier situación. Gran mentira.
Ahora me siento en silencio a llorar; sé porqué lo hago, tengo razones, quiero hacerlo, ya no quiero vivir. Sobre el frío pavimento me recuesto, la gente que pasa a mí alrededor me ve, sienten pena por mí y luego siguen su camino. ¡Un abrazo por favor!