G. Sarmiento
Poeta asiduo al portal
Dejé prendida la luz;
allí, nunca se apaga...
Y en una percha de aire,
que del viento colgaba,
colgué la blanca virtud,
una perenne salud
y un juego de alas.
Todo estaba dispuesto;
y por un breve tiempo,
en el tiempo olvidaba
que no había un tú,
ni un principio, ni un fin,
ni una recta, ni perfil,
ni tristeza prolongada.
Tócala otra vez, Sam,
que la pieza me agrada.
Tócala y afina el si,
apurando la escala.
Tócala una vez más,
que debemos resistir
a una ausencia que mata.
G.S.A.
allí, nunca se apaga...
Y en una percha de aire,
que del viento colgaba,
colgué la blanca virtud,
una perenne salud
y un juego de alas.
Todo estaba dispuesto;
y por un breve tiempo,
en el tiempo olvidaba
que no había un tú,
ni un principio, ni un fin,
ni una recta, ni perfil,
ni tristeza prolongada.
Tócala otra vez, Sam,
que la pieza me agrada.
Tócala y afina el si,
apurando la escala.
Tócala una vez más,
que debemos resistir
a una ausencia que mata.
G.S.A.