Undécimo movimiento (A Jorge Debravo, aria de una noche larga)

Ronald Bonilla

Poeta asiduo al portal


Era una noche larga, lo sabías,
pero yo sé que hay paredes
hechas con huesos de hermano,
y Cristos que vienen a tu diálogo
y después no pueden sonreír,
milagros cotidianos y mujeres pequeñas
que te esperan haciendo el desvestido
de las blusas negras,
morenas argentadas que te llaman
para que ya no sufras más
la paz que haz de erigir;
la camisa que aplanchas
en la oscuridad,
cuando la casa de los pobres
no tiene panes
siquiera para el obrero ausente.

Sé que una madre en el paisaje,
que un crucifijo negro en el recodo,
que el poste de los rezos
no necesita a las mujeres tristes,
y sé que hay pisos calados
con la sangre humana,
y que nadie sabe que esa noche
larga, larga,
habrías de morir
con el absurdo,
para que unos mequetrefes pregunten por la moto.

Y que el aire no es de nadie, nadie,
como no puede ser la tierra
solo el artilugio para que se descomponga
tu cadáver que, ay, sigue muriendo,
con tu Vallejo, tu Pessoa, tu Celaya,
tu centella legada
como un arma, hermano hombre.
Pero nos quitan la finca de nosotros
los caminantes,
somos algas, con el dios de los pasos,
y el sitio de los ojos para el alma,
animal con palabras que no mueren.

De mi libro inédito ALTAR DE DESCONCIERTOS
Derechos de autor protegidos por ley
 
Y que el aire no es de nadie, nadie,
como no puede ser la tierra
solo el artilugio para que se descomponga
tu cadáver que, ay, sigue muriendo,
con tu Vallejo, tu Pessoa, tu Celaya,
tu centella legada
como un arma, hermano hombre.
Pero nos quitan la finca de nosotros
los caminantes,
somos algas, con el dios de los pasos,
y el sitio de los ojos para el alma,
animal con palabras que no mueren.

Un placer leerle poeta.
 

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