Pablo Martínez Alonso
Poeta asiduo al portal
Tu amor me salvó, diste tu alma por mi, nadie me amó antes como tú lo hiciste en aquel momento en que incluso en medio de la desesperación del abandono no dudaste al decir cuánto me amabas, tu pureza me fascinó, como un ángel a los cielos me llevaste y aunque nunca toqué un pelo tuyo fuiste mia porque mia fue tu alma y todo tu ser, tanto como tuyo fui yo. Me amaste sin pedir nada a cambio y aún conociendo mi historia, tu amor por mi no vaciló; salvadora mia, amor mio quédate a mi lado por la eternidad y con tu amor regenera la rugosa piel de mi corazón. Bésame y dame tu cura celestial, perdió el thánatos su manto de terror desde el momento en que a mi lado estás, porque ahora que has sido mia puedo abrazar el sueño eterno con la paz de un niño que descanza en el regazo de su madre. El árido desierto provocado por la necesidad de tenerte a mi lado es suficiente para hacer que abrace deseosamente mi destino, destino que si es junto a ti, ningún tesoro en la tierra se le compara. Acompáñame a mi muerte, amada mia, que nuestras almas reposen juntas en comunión por la eternidad que dure el seol, como una única alma, unidos por el amor y por el dolor; corrámos juntos de la mano por los jardínes del Edén como alguna vez soñamos hacer en jardines que nunca estuvieron a nuestro alcance y que Dios sea bendito por permitirnos estar unidos hasta la eternidad.
- Pablo Martínez Alonso -
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