Alfie Arellano
Poeta recién llegado
Las tres recámaras guardaron secretos,
tuyos y míos, tantas cosas que nunca se dijeron.
Hubo miles de silencios y miles de gritos
que desgarraban las paredes; gritos tiernos
y de rabia recorriendo las sábanas.
Las cobijas amontonadas en una esquina,
los clósetes vacíos como el pecho de un
oloroso cadáver; toda la armonía que había
en las recámaras se había extinguido.
El color blanco de las paredes se ensució,
como nuestro amor, como nuestros cuerpos
despues de estremecerse entre el frío de la
calle, como cuando volvíamos empapados
a esa habitación y terminábamos con
nuestros cuerpos desnudos para secarse.
tuyos y míos, tantas cosas que nunca se dijeron.
Hubo miles de silencios y miles de gritos
que desgarraban las paredes; gritos tiernos
y de rabia recorriendo las sábanas.
Las cobijas amontonadas en una esquina,
los clósetes vacíos como el pecho de un
oloroso cadáver; toda la armonía que había
en las recámaras se había extinguido.
El color blanco de las paredes se ensució,
como nuestro amor, como nuestros cuerpos
despues de estremecerse entre el frío de la
calle, como cuando volvíamos empapados
a esa habitación y terminábamos con
nuestros cuerpos desnudos para secarse.