No es el hábito quien hace verdadera al alma,
ni la túnica oscura quien concede virtud;
mas deja en cada pliegue silencioso una calma
que revela en los ojos una vieja inquietud.
Va caminando el hombre disfrazando sus sombras,
creyendo que la vida nada puede mostrar,
sin ver que sus costumbres y aun las cosas que nombra
van diciendo en silencio lo que intenta ocultar.
Porque todo en nosotros deja huellas secretas,
desde el tono cansado con que empieza a respirar,
hasta el leve temblor de las palabras inquietas
que se escapan del pecho cuando intenta callar.
No juzgues la apariencia como juicio absoluto,
ni confundas la máscara con la profundidad;
pero entiende que a veces, bajo el gesto más bruto,
va asomando despacio la escondida verdad.
ni la túnica oscura quien concede virtud;
mas deja en cada pliegue silencioso una calma
que revela en los ojos una vieja inquietud.
Va caminando el hombre disfrazando sus sombras,
creyendo que la vida nada puede mostrar,
sin ver que sus costumbres y aun las cosas que nombra
van diciendo en silencio lo que intenta ocultar.
Porque todo en nosotros deja huellas secretas,
desde el tono cansado con que empieza a respirar,
hasta el leve temblor de las palabras inquietas
que se escapan del pecho cuando intenta callar.
No juzgues la apariencia como juicio absoluto,
ni confundas la máscara con la profundidad;
pero entiende que a veces, bajo el gesto más bruto,
va asomando despacio la escondida verdad.