identidadnodefinida
Poeta asiduo al portal
El dulzor del vendaval invasor
allana las esquinas solitarias de su existencia embravecida: dónde los aspersores de agua roja, nutren su cautividad;
Ahí se troba: roto y despedazado.
Duermen las horas,
en el ocaso de su apocalipsis.
Ronca el día,
en la hamaca desmembrada
por la tenebrosa luna.
¡ Es de noche todo el día !
Los dientes de la eutanasia
sellaron la sentencia en su crepúsculo; y las permanentes penurias, fueron agasajadas por las agujas de la intemperie.
Nadie lo desestima; cuándo el olvido y su peón depresivo,
con el que profesan los rugidos remolinados: por parte de la serenidad ruda, el torbellino de silencios y los retratos monstruosos de la monotonía: lo elevan en la putrefacción nupcial.
Donde todo el dolor del mundo,
lo azuza y cobija hasta los últimos instantes en que ¡ nada mortífera ! alumbre su desdeñosa noche.
allana las esquinas solitarias de su existencia embravecida: dónde los aspersores de agua roja, nutren su cautividad;
Ahí se troba: roto y despedazado.
Duermen las horas,
en el ocaso de su apocalipsis.
Ronca el día,
en la hamaca desmembrada
por la tenebrosa luna.
¡ Es de noche todo el día !
Los dientes de la eutanasia
sellaron la sentencia en su crepúsculo; y las permanentes penurias, fueron agasajadas por las agujas de la intemperie.
Nadie lo desestima; cuándo el olvido y su peón depresivo,
con el que profesan los rugidos remolinados: por parte de la serenidad ruda, el torbellino de silencios y los retratos monstruosos de la monotonía: lo elevan en la putrefacción nupcial.
Donde todo el dolor del mundo,
lo azuza y cobija hasta los últimos instantes en que ¡ nada mortífera ! alumbre su desdeñosa noche.
Última edición: