Valen lo mismo carajo
las lágrimas en tu casa
de paredes viejas, macilentas
que las otras
en casa de relucientes paredes.
Valen lo mismo carajo
aquellas que caen por tus mejillas cuarteadas
llenas de surcos de vida
que aquellas que resbalan
por sedosas pieles y caros afeites
de surcos escondidos.
Valen lo mismo carajo
las que caen en tu suelo lleno de badenes
que las que caen haciendo ruido
en el liso mármol de una onerosa sala.
Valen lo mismo carajo
las lágrimas que percuten
el mate triplay de una caja,
que las que rebotan
sobre una de nogal blanco reluciente.
Porque frente al féretro de un hijo
las lágrimas de cualquier madre,
valen lo mismo carajo!
las lágrimas en tu casa
de paredes viejas, macilentas
que las otras
en casa de relucientes paredes.
Valen lo mismo carajo
aquellas que caen por tus mejillas cuarteadas
llenas de surcos de vida
que aquellas que resbalan
por sedosas pieles y caros afeites
de surcos escondidos.
Valen lo mismo carajo
las que caen en tu suelo lleno de badenes
que las que caen haciendo ruido
en el liso mármol de una onerosa sala.
Valen lo mismo carajo
las lágrimas que percuten
el mate triplay de una caja,
que las que rebotan
sobre una de nogal blanco reluciente.
Porque frente al féretro de un hijo
las lágrimas de cualquier madre,
valen lo mismo carajo!