Este poema me recuerda la experiencia de los «mystes», adeptos e iniciados, en los Misterios Eleusinos al ser recibidos en el Pórtico de Proserpina, en un valle tranquilo, en medio de un bosque. Para recibir una revelación sobre el drama divino de su alma, su viaje y caída y como preparación, en fin, la enseñanza sobre lo que ocurre, tras la muerte, el regreso del alma a su patria divina, los adeptos enfrentaban o encaraban el llamado «Sueño del Erebo».
Sólo la valentía, por estar «desprotegido(s) de todo lo conocido», permitiría que pasaran la prueba; sólo con la «fuerza del Ser», se atreverían a mirar el horizonte y superar el miedo, ante unas visiones que son tenebrosas, por ejemplo, los procesos de disilución de otras almas, el sufrimiento de la caída, escenificado frente al iniciado, fantasmas, látigos de hojarascas, torbellinos sombríos, animalescos; pero, al fin, quien no temía, vería la aparición de la Vírgen Coré, o Perséfona, o de guías, almas de luz instruyentes... experiencia que al terminar la iniciación les hará devenir como «videntes» del mundo espiritual. La experiencia les arrancaba el miedo para siempre.
Krisna tuvo estas mismas experiencias, alucinaciones demónicas; pero entendió lo que realmente son, el sueño, el dolor del que fracasa en su ascenso divino... después la vida es más plena, la fe más slida, la sabiduría más amplia...
Estas iniciaciones son las que inspiran todo ese arte gótico en la poesía y la literatura. O esos rituales satánicos a los que acuden mucha gente temeraria, sin conocer el contenido sagrado y los preparativos. Y no hay necesidad de drogas artificiales y peligrosas. El verdadero shamán es la madurez, la fe sólida.
Esta iniciación cuando ha sido estudiada por los antropólogos refiere a una teoría sobre la bebida del «Kykeon» como clímax de los misterios. Algunos sostienen que los sacerdotes eran los que revelaban las visiones de la sagrada noche, consistentes en un fuego que representaba la posibilidad de la vida tras la muerte, y varios objetos sagrados. Otros afirman que esta explicación resulta insuficiente para explicar el poder y la longevidad de los misterios, y que las experiencias debían haber sido internas y provocadas por un ingrediente fuertemente psicoactivo contenido en el kykeon.
Pero hoy sabemos que la meditación y la fe, la invocación es el mejor «kykeon». O un estudio profundo de los arquetipos da el mismo resultado, al saber discenir de lo que habla; pero la gente es miedosa, superticiosa. Le huye a lo que llamaste «vacuidad», y no es lo mismo llamar al diablo / las deidades / que verlas venir.
carlos