Valle de Azapa

Tobare

Poeta recién llegado
Valle de Azapa


Aquí me tienes por fin,
oh valle de Azapa,
mirándote de frente
y con pluma en mano
yo me sumergiré en
tu vendaval terroso
y en tus olivos enterrados,
recorreré los pacíficos comercios
del pueblo quechua y aymara,
hablaré con vacas flacas y corderos extraviados
y beberé desesperado de algún arroyo de agua salada
hasta fusionarme uno a uno con los cerros de Atacama.

De ti nunca me mostraste el invierno,
valle pudoroso,
así que no he conocido otros soles sobre el cielo
que no sea el sol que tutela el Valle de Azapa,
sol que tatúa sobre mi piel su radiación irascible
o me baña con su calor rabioso
de amarillo infatigable.

Pero no te hablo por mi,
ni por esas acomodadas familias de rubias cabezas de las cuales provengo;
cabezas que habitan parcelas y mansiones
en medio de lujos obscenos,
cabezas que dirigen privados colegios
en medio de la indiferencia inhabitable.

Te habla por mí la piel morena de mi gente
que le tocó no ser mi gente,
te habla por mí esa gente que hace siglos recoge las redondas aceitunas,
sacrificando su salud por esa pulpa amarga
que germina en medio del olvido pedregoso.

Esa gente que no es mi gente
(perdónenme aquí el atrevimiento)
tolera hacinamientos y migraciones ilegales
todo sea por esos pesos que brindan
los rojos secos del tomate,
rojos que se suben a camiones siderales
dispuestos a viajar
dos mil años luz de distancia
para llegar a venderse
a las populosas ferias santiaguinas.

Aquí nadie nunca ha oído nada sobre la palabra poesía,
pero una vez escuché de un inmigrante ilegal,
que la cerveza la venden caliente a luquita nomás en el kiosko de la esquina
o que mi colega le ha pegado otra vez a su cholita
o que mi patrón me ha pedido prestada otra vez a mi cholita.

Una sola vez pensé en reclamar,
pero unos cuantos políticos declararon
que mi historia era ilegal,
así que dudo que mis quejas alguien oiga:
mi pueblo es un pueblo que ha escogido
el trabajólico silencio.

Así que por mientras,
si me perdonan,
me retiro:
tengo que seguir cosechando,
que el patrón me pidió sembrar el ajo
y arar el suelo para la cebolla,
pero antes quiero pedirles,
si me perdonan la patudez,
que por favor me avisen si un día
la eterna primavera toca mi ventana.


24 de Agosto 2017
 
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