claudiorbatisti
claudiorbatisti
En el regazo de la tarde triste
invoco tu dolor, sentir quisiera,
hasta tu voz, y párpados de cera,
herido corazón, palideciste.
Oí pasar la muerte sin que abriera
bajamos te callaste amargamente,
y la herida mordí en ella impaciente
como miel de un panal de primavera
Y exprimí sus delicias, dulcemente,
con la cruel daga rara y exquisita
de las mil bocas de mi sed maldita
que el corazón sintió primeramente
la humana dependencia gravemente;
de un mal sin nombre, que hace sangrar tanto,
cerré esa puerta abierta a tu quebranto;
¿Por qué fui tu vampiro de amargura?
¿Soy flor o estirpe de una especie oscura
que chupa sangre y que succiona tanto?.
Claudio Batisti
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