Martín Renán
Poeta adicto al portal
Sé lo que quiero decir.
Zenaida,
está lejos el recuerdo
y no pueda orar contigo:
regresarás sin esa cruz,
llevo el perdón en mis manos.
El dolor tiene una sola cara para los dos.
Hasta el momento, en el mismo lugar
dame una señal
y en mi creación te reconozca
pintando un edén
en la tierra.
Hice con la memoria,
el hallazgo de no olvidar lo que hizo la vida
y vivir sin ti.
¿Dejará de llover en una lágrima?
Salvo el adiós,
alguna vez de milagro
da otra oportunidad al final del día.
De juramento,
el alma tiene el mismo nombre
en cualquier ciudad;
si por el azar de la vida
nos vemos en el mismo lugar.
Mi oración no será de este mundo,
ni el dios al que rezo.
Dije con los ojos quemando mi sombra.
Amén.
Zenaida,
está lejos el recuerdo
y no pueda orar contigo:
regresarás sin esa cruz,
llevo el perdón en mis manos.
El dolor tiene una sola cara para los dos.
Hasta el momento, en el mismo lugar
dame una señal
y en mi creación te reconozca
pintando un edén
en la tierra.
Hice con la memoria,
el hallazgo de no olvidar lo que hizo la vida
y vivir sin ti.
¿Dejará de llover en una lágrima?
Salvo el adiós,
alguna vez de milagro
da otra oportunidad al final del día.
De juramento,
el alma tiene el mismo nombre
en cualquier ciudad;
si por el azar de la vida
nos vemos en el mismo lugar.
Mi oración no será de este mundo,
ni el dios al que rezo.
Dije con los ojos quemando mi sombra.
Amén.