Veinticuatro horas.

Claridad

Poeta que considera el portal su segunda casa
Las veinticuatro horas siguientes
fueron solo la reunión de todo mi mundo
en la última vuelta del reloj de cuerda.

Se acaba,
se esconde,
se termina.
Agoniza la hora primera en la expansión
que la quebrada conoce.

Todo mi mundo reunido en un gemido
y el suelo esperado para caer sin caer,
pues no hay gusto antiguo en descansar
con los pies bien altos,
donde al menos,
como bandera,
siendo izada
una cuerda es cortada
en espera de otro minuto,
otra hora que sigue.

Una cosa queda por hacer...
solo esperar,
a que el olor llame la atención
para acabar el día de veinticuatro horas
en dimensiones
ya acabadas.
 
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