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Vela

Tema en 'Fantásticos, C. Ficción, terror, aventura, intriga' comenzado por Cris Cam, 19 de Abril de 2019. Respuestas: 2 | Visitas: 122

  1. Cris Cam

    Cris Cam Poeta que considera el portal su segunda casa

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    Vela

    El Comisario Argañaraz esperaba una vez más a la oficial Suárez, era la tercera vez en la semana. Argañaraz tenía tres opciones, o pedía al juez que archivara el caso y se sacaba a Suárez de encima, o que ella misma se encargue del caso o hacerle valer los galones, y que se deje de romper las pelotas.

    Para Argañaraz, la oficial Suárez no era bendición de patio, era un tábano tropical. A veces, muy las menos, se podía regodear de la joven cintura de la subalterna, pero siempre sucedía que volvía a su casa con la cabeza llena de gritos, histeria, caprichos y sueños imposibles de policía perfecta. Hasta de la cena de camaradería tuvo que escapar ante la burla indisimulada de sus pares. Justo a él le vino a tocar. Aunque un accidente era demasiado, en el fondo sabía que era buena policía, pero el ya no quería Lolas. Bueno unas sí, si la migraña no lo ganara día por medio.

    Apretó los dientes, tiró la nuca contra el sillón, bajó instintivamente la mano hacia el intercomunicador.

    - A ver Fernández, dígale a Suárez que la espero, que pase sin llamar.

    Al minuto alguien golpea.

    - ¿Quién es?

    - Yo la oficial Suárez.

    - No ordené que pase sin llamar, pase de una vez.

    La oficial Suárez era una perfecta morochita del montón, es decir del montón de morochitas que pululan las comisarías, chiquitas, bien formadas, ojos negros, generalmente detrás de un escritorio o portando una carpeta de infracciones. Pero justo la que le tocó a él, no. Nada de escritorio, nada de motorizada, nada de bancos. Adicta a la calle como el mecánico a la grasa.

    Argañaraz golpetea los dedos en el escritorio, quizá recordando el tranco de Velamen en la quinta de Palermo, cuando un rudo carraspeo lo trae al suelo, estira el brazo para señalarle la silla y se toma las sienes con los dedos de las manos, esperando la metódica diatriba de abajo hacia arriba, hasta que él le imponga la otra diatriba, la de arriba hacia abajo.

    - ¿Qué me trae ahora?

    - Tengo una investigación nueva de Romano, Víctor...

    - Si hace cuatro meses que me tiene las..., en vilo con este caso. Así que, si en el plazo de una semana no me trae algo contundente, lo llamo a Iñiguez y damos por terminada la causa. Mucho despelote por un civil pelotudo que no supo cuidarse en lo más mínimo.

    - ¡No! Una semana no, necesito más.

    - ¿Sabe cuánto hace que está con esto, sabe la de carpetas que tenemos en el cuarto verde esperando que alguien le saque el polvo, sabe lo que le está saliendo al estado el caso Víctor Romano?

    - Pero es un caso muy especial.

    - Miré acá la única especial es la de mozzarella, que sus compañeros traen al mediodía.

    - Perdón, pero prefiero comprar con mi propia plata.

    - ¿Qué está queriendo decir?

    - Comisario, Ud. sabe muy bien a qué me refiero, y esto no es invento, ni suyo, mío o de ellos, pero yo quisiera no indigestarme con mozzarella con gusto a manteca.

    - Bueno dele que se hace tarde.

    - El que cambió de tema fue Ud.

    - Bueno sí. Adelante que tiene de nuevo.

    - Víctor Romano tenía un hijo, mejor dicho, tiene un hijo que vive en Catamarca.

    - ¿Así? ¡Qué bien! Aportó al crecimiento demográfico. De que nos sirve los que hizo este pelotudo con su vida antes de morir. Un tipo chato, sin luces, al que le hicieron una cama, grande como esta oficina.

    - No estoy de acuerdo. Si el tipo parece...

    - Oficial, una semana...

    - ¡No! No me alcanza...

    - Si no le alcanza lo siento, una semana...

    - ¡No! Me tiene que dar más tiempo...

    - Suárez, si no se retira ahora va a tener dos días menos, porque la va a pasar en una celda por insubordinada...

    Suárez se mordió el portazo, aunque le dolió más el orgullo, que haberse agarrado los dedos con la puerta. Salió con los ojos vítreos de rabia. Se encerró en el cuarto verde a releer, una vez más los folios de la investigación....

    Víctor Romano, argentino, 34 años, morocho, blanco, ojos grises, 1.75 de estatura, longilíneo.... presentó un tiro en el pecho efectuado a 1.5mts de distancia... se encontró materia pulmonar diseminada en piso y paredes, conclusión uno, el lugar del hecho fue el mismo donde lo encontraron... pocas señales de lucha, conclusión dos lo tomaron por sorpresa. Pareciera que entraron a robar de no ser... si de no ser que la cena a la luz de las velas estaba intacta. Sólo las velas se consumieron, sólo el hielo del champagne se derritió y la cara de horror desusada del cadáver, que podría hacer caber la posibilidad de que hubiera muerto de pánico antes del disparo, pero la desfibrilación no puede probarse pues el disparo destrozó justamente el corazón, o quizá justamente eso buscaba el asesino. Pero, por otro lado, para que querría el asesino borrar la única prueba que lo incriminaba, de que no fue asesinato sino ataque al corazón.

    Entre los folios 39 y 114, estaban las sucesivas tomas del fotógrafo forense desde la grotesca figura en el piso, pasando por la autopsia en el frío acero de la plancha de la morgue y la estúpida sonrisa que, por piedad, le dibujó el patólogo para el entierro. Cosa que tuvo que realizar la municipalidad de oficio porque nadie reclamó el cuerpo. Sólo dos vecinos se acercaron a preguntar por él, pero ante el fangoso proceso y los seguros interrogatorios cambiaron interés por violín en bolsa.

    En los folios 187 y 188, las fotocopias de dos cartas anónimas, cuyos originales el juez creyó prudente guardar a buen recaudo, que a la postre dieron con la novedad reciente que el occiso era padre de al menos un chico de 10 años. Quien vive con la madre en Catamarca, de quien, a su vez, luego de recabar datos la oficial no sospecha. Se separaron hace cinco años, pero el occiso conservaba en sus casas, según consta en el informe, el retrato clásico de ambos saliendo de la iglesia la tarde lluviosa de la boda. Aunque el juez, envió un oficio a la Federal de Catamarca. Suárez está segura que lo único que va a suceder es que viuda e hijo se enteraran de la muerte de padre y esposo.

    Volviendo páginas hacia atrás, repasó la vista de escena, elementos que le daban pautas que todavía no sabía interpretar. A la víctima le gustaba navegar, tenía un velero en el puerto de San Isidro y solía viajar a Uruguay y alquilaba un yate por fin de semana. Tenía tres multas de Prefectura por negarse a usar los motores, aun cuando el viento lo alejaba del estuario hacia el mar, para donde su velero no estaba preparado. También le resultó curioso la colección de velas de todo tipo. Viejas velas de cebo, una de un valor histórico difícil de apreciar, guardada como hecha en la jabonería de Vieytes, de parafina, un cirio del Vaticano a medio consumir, según rezaba la etiqueta, del día en que el cardenal Roncalli, se convirtió en Juan XXIII. Velas de cera de los monjes tibetanos. Vela de New York del día en que mataron a Lennon, Vela Atea según la etiqueta de una marcha clandestina, cuando en Rosario se enteraron de la muerte del Che.

    Lo cual evidenciaba que o bien el asesino no sabía el valor de la colección o no le importó. Revisó un pequeño estudio hecho por un de los peritos, que comprobó con Carbono 14 que la cera de las velas que usó, sin provecho, para la cena databa de aproximadamente 1870.

    Pero si no fue por dinero. ¿Porqué?

    Suárez se refregó los ojos. Fue hasta el juzgado y le pidió, al Juez Iñiguez, las llaves de la casa de la víctima. Le costó hacer girar la llave, un leve chirrido de bisagras, le indicaba el abrir de la puerta, quiso encender la luz, pero no funcionó, seguramente la habían cortado por falta de pago, recién entonces percibió el nauseabundo olor a sangre podrida que aún permanecía en el ambiente, para regocijo de las cucarachas, ratas y hormigas coloradas. Con arcadas en la garganta, se acercó a cada una de las ventanas de la casa y las abrió de par en par. La casa se podía dividir en dos cuadros, la escena del crimen, campo de una breve lucha, y el resto que, salvo el polvo acumulado en los últimos cuatro meses, gozaba del título de impecable y hacía honor a la noche que Víctor pensaba transcurrir. En su alcoba, sábanas de raso que todavía ostentaban una pequeña etiqueta de papel en un borde, que desaparecería al primer lavado. El hogar fue apagado por los peritos el día siguiente. En el baño, aún sin tocar, al borde de la bañera, sales de baño. En la cocina nada a la vista, en el freezer los restos nauseabundos de algo que ahora no se podía saber, pero que, a pesar del asco, a Suárez se le imaginaron deliciosas hace cuatro meses.

    ¿Una mujer? Una mujer sería capaz de infundir cara de terror en un hombre solo, habituado al río, al mar y coleccionar velas. Una mujer que no se llevó ni su billetera.

    Entró al estudio, si así se le podía llamar, algunos lugares comunes, en un rincón una computadora con lo de siempre, en una pequeña mesa a medio terminar un barco dentro de una botella, un croquis a pizarra del velero, pero algo le llamó la atención a Suárez el cuadro estaba roto, como si lo hubieran tajeado. Suárez no recordaba haber leído ese detalle en ningún informe de peritos, tampoco recordaba informe alguno del contenido del disco rígido de la computadora que tenía enfrente. Claro que ahora no la podría usar. Sin embargo...

    Salió a la calle. Batió palmas en el jardín del vecino. Se identificó y a los 20 minutos, volvieron la oficial, el vecino y un alargue de cable desde la casa de este, ahora sí, que se hagan las Ventanas.

    Busco en sus archivos de texto, eran innumerables y extensos, le llevaría meses leerlos y además estaban encriptados, lo mismo le paso con cada, aplicación que quiso correr. Hasta la agenda estaba con Clave de Acceso.

    Se levantó desilusionada. El vecino un joven de la misma edad que el occiso y por ende la suya misma, curioseaba por toda la casa.

    - Lo conocía. Grito la oficial.

    - Como dijo (y acercándose más), Perdón que me decía.

    - Digo si lo conocía.

    - Si, bah poco. Era un muchacho tranquilo. No se metía con nadie. No tenía familia, salvo su ex esposa y su hijo, que viven en el interior. La verdad que uno diría este tipo no tenía enemigos y sin embargo...

    - O sea que para Ud. fue premeditado...

    - No... si... qué se yo. Lo que le quiero decir. Si fueron chorros, salta a la vista que no se llevaron nada, fíjese las cosas de valor que hay. No le tocaron nada. Pobre Nahuel.

    - ¿Quién?

    - Nahuel, el hijito.

    - Que nombre extraño...

    - Si cuando uno visita El Bolsón se trae toda la geografía en las retinas, el alma y los nombres.

    Suárez miraba los bueyes perdidos que flotaban en la conversación con la depresión que marca el fracaso, que se marcaba en sus ojos, cuando el vecino le dice.

    - ¡Nahuel!

    - Si, ya se Nahuel, el hijo.

    - Eso ponga.

    - Si después lo agrego al informe.

    - Digo que eso ponga en la Clave de Acceso.

    Suárez no lo pensó dos veces, giro nuevamente la espalda hacia el teclado y dibujo en la pantalla cada uno de los 6 asteriscos. Aceptó.

    Mágicamente se abrió la agenda. Pudo comprobar que en los últimos 2 meses se estaba citando con una mujer. Le costó armar el rompecabezas en los retazos de las citas. Entro al procesador de textos, pero la clave no funcionó.

    - ¡Mirta!, la esposa.

    - ¡No!

    - Guido o Dora, se llamaban los padres.

    - ¡No!

    - Mi experiencia me indica que si uno usa claves rebuscadas a la larga se las olvida y el que termina bloqueado es uno. No puede ser tan difícil.

    - Sabe cómo se llama el velero.

    - Céfiro.

    - ¿Qué?

    - Céfiro, algo de los vientos, decía.

    - ¡Si señor!, lo teníamos acá adelante.

    - Si para “ese” archivo, siga abriendo.

    - No, no...

    - Vuelva a probar la serie...

    - No me diga que se podía acordar de la clave que les puso a los 834 archivos.

    - Sí, siempre que use una cantidad limitada de claves. A ver, abra ése.

    - Hocus Pocus, y eso qué significa... no... no... no... ¡Si! abrió... que significa esta lista....

    - Justamente la lista de archivos con sus claves de acceso, no es cuestión de memoria, sino de orden. En mi opinión tendría que abrir uno por uno y eliminar las claves para poder sondearlos. Digo... Porque si un juez se entera de lo que está haciendo le puede hacer juicio por ataque a la intimidad.

    - Si en una semana no descubro algo sustancial, el caso será cerrado, su vecino será olvidado y mis aspiraciones de ascender a rango de inspectora quedarán más ocultas que estos archivos y girando más rápido que este disco rígido.

    - Es lo que yo digo. A qué juez le importa la vida privada. ¿Le traigo un café?

    - ¡No! Que la cucaracha más chica practica yoga.

    - No de mi casa, que mi mujer debe estar aceitando la escopeta...

    - Bueno ya que insiste.

    - A los 15 minutos, sólo había podido abrir 25 archivos y la histeria le hacía pifiar una y otra vez las teclas. En ese momento entre curiosa e inquisitiva, una bella joven, rubia de entrecasa se abre paso entre las telarañas. Con un termo y un juego de tazas.

    - Hola soy María, la esposa del “solícito” vecino que te enchufó tan pronto.

    - Ah... ah... si soy la oficial Suárez, le agradezco la dispensa, siempre y cuando no se sienta obligada, yo tengo mi propio sueldo y puedo comprármelo.

    - ¡Ay no diga! ¿En Marte también hay policía?

    - ¿Cómo?

    - Digo que, si en Marte también hay policía, porque de otro modo no entiendo. Cuando cayeron los peritos, nos sacaron hasta los churrascos del freezer, por lo que Ud. debe ser de Marte...

    - Dígame Ud. lo conocía...

    - ¿Que ya empezó el interrogatorio de nuevo? ¿No lo tienen todo asentado?

    - ¡No! Lo que tengo asentado no me sirve... o mejor dicho no me alcanza... o no me doy cuenta de lo que tengo y el tiempo se me acaba... ah... usted es la Rubia Inquietante...

    - ¿Cómo, Como?

    - No, nada, disculpe...

    La oficial se agazapó frente al monitor, como quien es bien consiente de una infidencia inconveniente, mientras, su tez morena se volvía lívida. Pronto el joven matrimonio, estaba jugando a Sherlock Holmes con la oficial, quién al menos podía decir que era la primera vez en cuatro meses que alguien la apoyaba. La Rubia Inquietante se arrimaba a su esposo como una gata en la pared, diciendo claramente, “Ojo que este es mío”.

    La oficial se decía a sí misma, que lo único que le faltaba era una escena de celos ajena. El joven rompió el clima.

    - ¿Pudo abrir los archivos?

    - Estoy en eso, pero en tedioso y estoy nerviosa

    - Digo... no se ofenda... porque no vuelve a la lista y trata de sacar algo en limpio antes.

    - ¿Cómo qué?

    - La tabla tenía cuatro columnas, el nombre del archivo, la clave y que más

    - Fecha y asunto.... si tiene razón. Pero no sé qué, en asunto sólo figuran nombres de colores... Índigo, Verde, Sepia, Azabache, Celeste.... Ya sé índigo es el color de las velas de la última cena... la última fecha... la clave.... y tenemos... parece una carta, más bien un diario íntimo...

    “Esta noche viene Andrea, hace tiempo que no nos vemos. Brindaremos por los viejos tiempos. Todavía noto un poco de enojo en su cara. Pero sigue siendo la misma gordita impulsiva del secundario. A pesar de volver a tenernos, no puede evitar ponerse celosa de Mirta y mucho más de Nahuel. Le tendré que dar más tiempo…”

    En la agenda, 22hs. encuentro con Andrea.

    - ¿Quién será Andrea?

    - Tendrá que seguir abriendo archivos y citas de agenda.

    - De pronto tercia la esposa.

    - Yo los vi varias veces y lo único que se sentían eran discusiones. Ve ahí tiene una punta de ovillo, el hombre se destaca por su ceremonioso silencio, pero se encuentra con una mujer que lo único que hace es discutir.

    - Pero eso no implica un asesinato.

    - No implica, no implica. Pero el corazón nos mete en cada brete. Imagínese una mujer impulsiva y celosa, y de eso sí que sé, que viene aquí y se encuentra con mil millones de retratos del hijo acá, del hijo allá, del hijo en salita de tres...

    - ¿De qué retratos habla?

    - De los que tiene en la pieza.

    - Y vos como sabés, chusma.

    - Lo mío no es chusmerio, es espíritu de búsqueda.

    La oficial sale disparada a la habitación y busca los retratos de mención, pero no encuentra nada. Busca en cajones, muebles, anaqueles, bibliotecas, en el living, en la cocina.

    - Yo no encuentro ningún retrato.

    - No puede ser, si había más retratos del nene que estrellas en el escudo de Boca. Busquemos, dale, que estoy segurísima.

    Luego de un largo rato. La rubia encuentra algo que le llamó la atención. En el cesto de la basura, inidentificables pequeños papelitos. Mezclados con una pasta difícil de reconocer. Se lo entrega a la oficial que ya había sacado más citas de la agenda.

    - Lo voy a llevar al laboratorio, quizá nos puedan decir algo.

    Esa misma noche armó un rompecabezas que le pareció convincente. Sin embargo, tenía unos puntos oscuros, pero como para un detective los puntos oscuros son señales al final del túnel, los siguió y redactó una hipótesis del antes hasta el mismo día del crimen.

    “Andrea era Andrea Marisol Caprio Méndez de Ruiz Bañol, la misma edad del muerto. Fueron compañeros de secundario, un importante Colegio alemán de Belgrano. Sorpresivamente Víctor, luego de 3 años de noviazgo. Se monta a una moto y comienza a recorrer el país, no tiene necesidades económicas. Empieza con el sur. Pero su espíritu cambiante hace que lo aburra. Comienza con sus Hobbies, los barcos de maqueta y la colección de velas. Se debate entre el mar y las montañas. No le gustan ni la llanura Pampeana, ni el Litoral. En Catamarca, conoce a Mirta una humilde maestra de escuela primaria, viven juntos y nace Nahuel. Se casan por pura formalidad. Cuando Nahuel cumple 3 años, mueren sus padres en un accidente, se hace cargo sin demasiado entusiasmo de la fábrica de telas para velas para embarcaciones, como cancelación de una deuda, acepta un velero, al que bautiza Céfiro II. Mirta no se adapta y se vuelve a Catamarca, con Nahuel, pero nunca rompen relaciones. Aunque cuando el niño tiene 7 años, deciden poner fin a la anómala vida marital y se declaran de mutuo acuerdo libres. El año pasado reaparece Andrea, que está casada con un importante empresario importador, eufemismo para decir que es un lavador de narcodólares, al que nunca se le pudo probar nada. Por lo cual lo convierte en el primer sospechoso, salvo por el hecho que vive desde hace un año en España. Las relaciones con Andrea se vuelven tensas y conflictivas, con un continuo reproche de abandono, del que Víctor no se hace cargo.

    Al día siguiente Suárez vuelve a la casa. Esta vez con el resultado de la pericia de laboratorio. Entre risas y bromas le preguntaron de que cumpleaños había sacado la muestra. Cera derretida con ceniza papel de fotografía.

    Suárez no oculto más sus sospechas y buscó un compañero criminalista especializado en textos y códigos. Sí, no estuvo en Operación Arenque, pero descifró las claves.

    Mucho más rápido de que lo que Suárez pretendía, le entregó más de 10 pistas a investigar. Aunque a esta altura se preguntaba porque motivo estos mismos datos no le parecieron relevantes a los peritos. Como podía ser que ella, con la ayuda de dos simples vecinos tuviera ahora más información en 48hs que la que ellos le entregaron en 4 meses.

    La primera pista era obvia. Mañana vería a Andrea.

    Esa noche, mientras meditaba y miraba una aburrida película. Alguien llamó a la puerta.

    - ¿Quién es?

    - Andrea Caprio, ¿Me buscabas? Le contestó detrás de la puerta una voz chillona, nasal y molesta.

    Suárez dudó un segundo, el mismo segundo en que alguien empujó la puerta violentamente y la tiró por el piso. Una mujer de su misma edad, con un caro tapado de piel un tanto Demodé, y dos matones que la secundaban, que eran como marionetas a las indicaciones de sus manos. El índice en círculo, fue una precisa y silenciosa, andanada de golpes, en los lugares más dolorosos, aún de aquellos que le habían enseñado en defensa personal, que había que evitar ser golpeada. Quiso gritar, pero la expresión convincente de uno de sus verdugos le hizo saber que callada tenía oportunidad, un grito sería el último que daría. Dudó, pero el dolor en las rodillas, cara, pechos, la falta de aire, le hicieron posponer cualquier decisión, por primera vez, no podía pensar. Como si fuera una insignificante muñeca de peluche, la levantaron de los pelos y le pusieron la nuca contra la pared. Dos arroyos interminables de sangre manaban de sus narices.

    La mujer sentada tranquilamente en su único sofá mediaba un cigarrillo. De pronto rompe el infinito silencio.

    - Sí, yo soy la Andrea que vos buscas. Hoy tengo ganas de hablar de sueños. Por ejemplo. Cuál es el sueño de un pintor, que Cristie le venda un cuadro. El de un escritor ganar el Nobel de Literatura. Un cura llegar a Papa. Un político ser presidente de EEUU. Una mujer ser la compañera de un conquistador. O una estrella de cine o un millonario de Forbes.

    Suárez con un poco de aliento se anima a replicarle.

    - No todos tienen sueños tan imposibles.

    - Imposibles para una negrita de mierda, muerta de hambre como vos. No, para una Caprio Méndez. Nuestra cuna es inmejorable. Nosotros somos los dueños de la tierra y de la vida. Ustedes son nuestros, sirvientes, nuestros custodios y nuestros admiradores. Ves yo pago, y con un solo movimiento de muñeca te puedo hacer quebrar la espalda. Viste que fuerte es un puño cuando tiene una moneda de plata adentro. Por ejemplo, te puedo dejar sin ojos, porque no los sabés usar, o no viste que nadie sabe nada de nada. Yo pregunté cuanto y me respondieron tanto, yo pago y listo. Pero cada vez que pregunté por vos, me decían, no esta no coimea ni una pizza. ¡Que ciega! ¡Que ignorante! ¿Nadie te enseño jamás cómo funciona el mundo? Claro que a los 16 o a los 20 uno cree en las Rosas, en Dios, en la Promesas. Pero vos, ya estás grande. El estúpido este también. Creyó que yo volvería a ser la gordita estúpida, con el papito con plata de los 15. Claro que a esa edad me dio vuelta como a una media. Después, se fue, me dejó. Y a una Caprio Méndez no se la puede dejar así nomás. Pobrecito el creía pertenecer a nuestra clase, pero tuvo que salir a trabajar. Pobrecito la cara de terror que puso...

    - ¿Que puso por qué?

    Mirá te lo voy a mostrar con hechos.

    Andrea se quita el tapado y muestra un cuerpo apenas obeso, totalmente desnudo, hace un chasquido de dedos y uno de los gorilas sin mediar palabras comienza una relación animal, sin método, ni estilo, mientras ella sin siquiera pestañear mira a la oficial perpleja, en un momento cuando el animal estaba por terminar, se escucha un chasquido y retira el cuerpo con una evidente expresión de total insatisfacción.

    - No te toques que te mato, después la seguimos.

    Le dice al matón que sin embargo no da muestras de humillación alguna.

    - Ves como es. Una como vos, puede penar de hombre en hombre esperando que alguno alguna vez se digne a respetarte. Hasta que descubrís que sólo existe una palabra: Dinero. No crees, que me puedo preparar lo que mi loca imaginación me diga. Solo hace falta dinero. Yo lo tengo. Me lo gané. Diciéndole siempre que si a papito, que si a mamita. Después vino este tarado y me tiró las vitrinas de cristal al piso. Pero igual me sirvió, fue allí cuando descubrí como es realmente el mundo ¿Cómo te parece que puede cambiar a una Andrea Marisol Caprio Méndez por una simple Mirta García?

    - Pero todo tiene un tiempo y un fin. ¿Sabés lo que hicieron estos dos la misma noche en que los tortolitos nos reencontrábamos luego de 15 años? Los hice viajar a Catamarca a que me trajeran un presente, y como yo sabía que este tonto le gustaban las esculturas en cera, le hice hacer una especial. Claro tomada del natural. Mirá acá tengo las fotos. Las querés ver.

    La oficial Suárez no puede evitar que el espanto le haga vomitar la sangre que había tragado.

    - ¡Que poco sentido del arte! Si está perfecto. Un busto de Nahuel perfecto. Mirá como le cuelgan las velas de los mocos de la nariz. Ese jopo penacho parado, que natural. Bueno sí. Estaría mejor si tuviera brazos y piernas. Pero a los próceres los esculpen así y nadie pone cara de horror. La misma que me puso el idiota, me quiso estrangular mientras yo le ofrecía mi hermoso y envidiable cuerpo, pero parece que la sorpresa fue mucho para su corazón y se murió en mis brazos. ¿No te parece de película, que tu amor se muera en tus brazos? Pero bueno yo venía a hacer lo que venía a hacer así que igual le di un disparo justo en medio del pecho, igual que como lo vine imaginando en estos 15 años.

    - Ay que pena, tan joven que tengas que viajar, Mirá acá tengo dos pasajes al caribe y una orden de captura firmada por el Juez Iñiguez por haberte quedado con...a ver... estos dos kilos de cocaína que tengo en el bolso. ¿A quién se le va a ocurrir preguntar por vos?

    Una repentina bolsa de nylon se despliega en la cabeza de Suarez. Los segundos pasaban y la visión se le nublaba. Por eso, no vio bien desde donde vino el disparo que le atravesó el cráneo y su cuerpo obeso y desnudo, y su grotesco tapado de piel cayeron al piso. Sus sesos se pegotearon como cera fría en la pared recién pintada. Los monigotes abortaron la faena, a falta de quien les pague. Rompieron con sus hombros la madera barata de la puerta y desaparecieron tan rápido como vinieron.

    Suárez a punto del desmayo, cuando una mano le arranca la bolsa y la vuelve a la vida. Las figuras se comienzan a equilibrar y ve un rostro pálido, enmarcado en unos bucles negros que trataban de ocultar, sin éxito, una fea cicatriz reciente en el hombro.

    Suárez no lograba reponerse tratando de recordar esa cara, pero sólo le venía los cirios de una pobre iglesia, un velero, una carita llena de mocos, los días sin dormir y las rondas de custodia. Ella conocía esa cara, pero no se la podía revelar.

    - Tenés algo que hacer los próximos 60 años, digamos, por ejemplo, un viaje apresurado al caribe, yo no tengo nada que hacer en la vida, más que llorar. Mirta García, a tus órdenes.
     
    #1
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  2. sergio amigo

    sergio amigo Invitado

    Sabes cuánta poesía dejé huérfana por venir hasta acá. Pude leerme un foro completo. Jajajajajajajajajajajajajaj
    Impresionante ya no no cabe para describir tu relato, ya que te lo había dicho antes. Voy a tener que trabajar con otros calificativos.
    Sólo encontré algo débil la sorpresa de Suárez al no saber quien era Nahuel. Se supone que figuraba en los informes. O tal vez ya venía ella cansada y apremiada por la escasa semana de investigación que tardó en reaccionar.
    Soy pésimo para los elogios así que dignamente, te saludo y me retiro.
     
    #2
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  3. Cris Cam

    Cris Cam Poeta que considera el portal su segunda casa

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    Es posible, mis relatos no son al estilo Poe o Conan Doyle, que piensan antes de poner una palabra, sino dejo que fluya mi pobre imaginación. Errores o inconsistencias como esta vas a encontrar a montones.
    Un abrazo.
     
    #3

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