jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
cómo quisiera morirme de una puta vez
que entrara la muerte a mi cuarto ahora
que se sentara a mi lado en la cama y me preguntara
¿qué cuentas, cómo han ido las cosas?
decirle que estoy cansado, decepcionado, harto
que estoy hasta los huevos de todo esto
la rutina de siempre, los mismos gestos
vivir alcoholizado a diario, no poder olvidarme de aurora
el asco, mi cara en el espejo, mi dolor de espalda
mi dolor de huesos, mi dolor de día, mi dolor de noche
decirle qué bueno que veniste, llévame contigo
sácame de este agujero, evítame seguir con esta puta comedia
servirle un tequila, ponernos a hablar de cualquier cosa
preguntarle por mi difunta suegra, qué hace la vieja
¿se le quitó lo puta allá en el infierno?
poner quizás algo de música y bailar
-canciones románticas de los bee gees, claro-
abrazar con fuerza sus firmes caderas
aspirar su perfume y acariciar su espalda
murmurar a su oído "he pensado tanto en ti todos estos años"
ella apoyaría entonces su barbilla en mi hombro
cerraría los ojos y reviviría tal vez aquellas épocas
de su adolescencia cuando apenas empezaba a vivir
y salía con amigos a los bailes y se enamoraba
pasaríamos sin duda una buena velada ella y yo
dejándonos invadir por la melancolía y el alcohol
al amanecer por fin nos tenderíamos en la cama
la hora de separarnos habría sonado para entonces
-el amor de esta chica es cosa fugaz-
ella acercaría con cuidado su boca a la mía
mantendría sus fríos y delgados labios apretados contra los míos
un minuto, tal vez, no más de eso
luego se levantaría y alisaría su falda y se arreglaría el pelo
saldría del cuarto, bajaría a la calle y buscaría un café
la luz de un nuevo día ya habría despuntado a sus espaldas
habría ya gente subiendo y bajando por las calles
desquiciados seres envueltos en incomprensibles afanes
en el cielo a lo mejor aún podría verse brillar alguna estrella
-pero muy poco, un tenue resplandor, casi nada-
que después de unos minutos por fin se apagaría