AXEL LLAMOSAS
Poeta recién llegado
Al abrir mis ojos…
no puedo,
párpados cosidos,
conozco el miedo.
Quiero gritar,
tan solo silencio,
mil cuchillas mi garganta a desgarrar
padeciendo en cada aliento.
Intento mover mis manos,
solo siento un palpitar,
un par de martillos cercanos
las debieron destrozar.
Mis codos en ángulo imposible,
clavos penetrándome el cuerpo,
sufrimiento indescriptible,
¡Cómo anhelo verme muerto!
Con alicates mis uñas
comenzaste a arrancar,
metiendo entre ellas cuñas,
haciendo a mi alma aullar.
Comprendí que mi entrepierna
colgando de la caverna
goteaba ensangrentada,
a tenazas y cuchillo
desgarraste mi huevada.
-¿Por qué tanto odio y rencor?
-¿Acaso no es mejor la paz y el amor?
te digo,
mientras con un gancho hurgas en mi ombligo.
-Tan solo te devuelvo el placer
que le distes a mi nena,
violándola sin merecer
la más mínima pena.-
Ya la fragua está caliente,
huelo el fuego y el carbón,
un hierro incandescente
se aproxima a mi mentón.
Desgarrando mis pestañas
por fin consigo atisbar,
carcajadas muy extrañas
que me hacen desvariar.
Son los labios de ese padre
que me viene a susurrar,
-Te lo juro por mi madre
¡vas a saber lo que es violar!-.
no puedo,
párpados cosidos,
conozco el miedo.
Quiero gritar,
tan solo silencio,
mil cuchillas mi garganta a desgarrar
padeciendo en cada aliento.
Intento mover mis manos,
solo siento un palpitar,
un par de martillos cercanos
las debieron destrozar.
Mis codos en ángulo imposible,
clavos penetrándome el cuerpo,
sufrimiento indescriptible,
¡Cómo anhelo verme muerto!
Con alicates mis uñas
comenzaste a arrancar,
metiendo entre ellas cuñas,
haciendo a mi alma aullar.
Comprendí que mi entrepierna
colgando de la caverna
goteaba ensangrentada,
a tenazas y cuchillo
desgarraste mi huevada.
-¿Por qué tanto odio y rencor?
-¿Acaso no es mejor la paz y el amor?
te digo,
mientras con un gancho hurgas en mi ombligo.
-Tan solo te devuelvo el placer
que le distes a mi nena,
violándola sin merecer
la más mínima pena.-
Ya la fragua está caliente,
huelo el fuego y el carbón,
un hierro incandescente
se aproxima a mi mentón.
Desgarrando mis pestañas
por fin consigo atisbar,
carcajadas muy extrañas
que me hacen desvariar.
Son los labios de ese padre
que me viene a susurrar,
-Te lo juro por mi madre
¡vas a saber lo que es violar!-.
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