Arturo Acosta
Reconstructor de sueños rotos
Mi alma sufre y tu dolor no alcanza.
Como para aliviar mi carga,
rencor y desagravio en eslabones caen sobre tu honor,
tu simiente. Y su sangre se entremezcla por sobre tu espalda.
Mi carga. Catarsis retrospectiva,
atemoriza; ya tus miedos malcubiertos te delatan
lisonjeando a mis entrañas. No hay batalla,
no hay linderos. Polvo eres y aún mis odios no se acaban:
Más allá de tu efímera existencia,
escupiré con fuego
tu cuerpo, tu cara.
Restregaré en tu piel escarnecida, desnuda,
las verdades
del ayer,
del hoy
que ocultas y que saltan
como el corcho bajo el agua.
Llevaré
más allá de lo eterno e infinito
aún mis ansias que en mil voces claman viscerales más
y más
¡VENGANZA!
(En honor a las miles de vidas inocentes, mal-llamados "daños colaterales" del negocio de las drogas y la venta de armas; Monterrey, Nuevo León, México)
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