Alma etérea
Poeta fiel al portal
Los ojos de las casas y autobuses
Las que ven caminos que se pierden en lo verde,
que invitan
Las que miran el molino de viento
testimonio de nutridas cosechas
y lloran en rojo y naranja
al final del día porque otra vez no llegaste
Las que desde arriba observan el enjambre que va hacia alguna parte,
o persigue, o escapa de su propia sombra
Las que recuerdan plátanos y abriles
soltando hojas una a una
hasta el total desamparo
Las que esperan el cruce de tus libros en la esquina, a las cuatro en punto
los lunes y los miércoles
Aquella que mira una pared y un cuadrado de cielo casi siempre gris
La que huele el arrastre de miserias de una ciudad insomne
y los restos de sus zonas altas
entre el humo y los vidrios salpicados.
Las que invitan un hilo plateado de cuarto creciente a reposar sobre tu espalda y deslizarse
después de las caricias
Y a su través , rincones vacíos
salas atestadas
si de objetos o personas es igual
Las lejanas como luces en medio de la nada
ofreciendo refugio
Las que se encienden a mitad de la noche
a cuidar la fiebre en la orilla de una cama infantil
o tras una llamada irremediable
que quiebra el silencio y la vida en dos
las de los párpados cerrados día tras día
que ya no cuentan historias
Como un gigante que sueña las tardes de verano
con un patio de pitangas
Las que ven caminos que se pierden en lo verde,
que invitan
Las que miran el molino de viento
testimonio de nutridas cosechas
y lloran en rojo y naranja
al final del día porque otra vez no llegaste
Las que desde arriba observan el enjambre que va hacia alguna parte,
o persigue, o escapa de su propia sombra
Las que recuerdan plátanos y abriles
soltando hojas una a una
hasta el total desamparo
Las que esperan el cruce de tus libros en la esquina, a las cuatro en punto
los lunes y los miércoles
Aquella que mira una pared y un cuadrado de cielo casi siempre gris
La que huele el arrastre de miserias de una ciudad insomne
y los restos de sus zonas altas
entre el humo y los vidrios salpicados.
Las que invitan un hilo plateado de cuarto creciente a reposar sobre tu espalda y deslizarse
después de las caricias
Y a su través , rincones vacíos
salas atestadas
si de objetos o personas es igual
Las lejanas como luces en medio de la nada
ofreciendo refugio
Las que se encienden a mitad de la noche
a cuidar la fiebre en la orilla de una cama infantil
o tras una llamada irremediable
que quiebra el silencio y la vida en dos
las de los párpados cerrados día tras día
que ya no cuentan historias
Como un gigante que sueña las tardes de verano
con un patio de pitangas
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