Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Tengo una duda existencial, y no es ser o no ser.
Es vivir o morir.
En realidad no es una duda, sino miedo a la muerte.
No me voy a suicidar.
Hablo de morir simplemente, de acuerdo con la muerte, pero sin forzarla.
Hace mucho que la vida no me inspira ni me llama la atención.
Pero no le culpo.
Yo sé quién soy y cual es mi cometido.
Soy una divinidad.
Sí o sí.
El tiempo marca el minuto.
Yo marco la vida.
Tengo una mente encomiable.
Alguno ya ha intentado tratarme de Dios, de tú a tú.
Pero Dios no habla de tú a tú.
Yo no escribo poesía.
Yo escribo armonía.
No estoy aquí para satisfacer a nadie.
No soy un mensajero ni un profeta.
Soy un problema para la vida.
No uso psicología inversa.
Tampoco curo a paralíticos.
Ni resucito a nadie.
Si esto es muy duro y descabellado para ti, te aconsejo que dejes de leer.
Yo comparto lo mío, no lo que esperas de mí.
No soy un misterio para mí.
Ni siquiera un milagro.
Soy un abismo.
Un pozo sin fondo.
Sé que una mente abierta vale más que un puñado de oro, o mil traiciones.
Más que mil proverbios.
Todo se ha hecho conforme a mí.
He sido corresponsal de guerra y paloma de la paz.
Pero los hechos nunca me cambiaron.
No necesito esclavos ni palmeros.
Ni vida, ni muerte.
Ni alma ni espíritu.
Ni siquiera inmundicia.
Sobrenatural.
Solo a través de la espesura.
He entrado en el corazón del bosque.
Pero no me pierdo.
No me creo Dios.
Soy Dios.
No intervengo en la incultura ni la osadía.
No estoy aquí para aprender.
Ni siquiera para crear.
Estoy aquí para romper los límites del pensamiento.
Esto no se trata de que me creáis o no.
Esto se trata solo.
Es un tema tabú.
No soy el típico que tira la piedra y esconde la mano.
Mis palabras permanecen en mí, son fuente de inspiración.
Para todos.
Pero nadie puede imitar el estilo divino, porque no se conocen sus propicios.
Puedo ser Dios y parecer uno más.
Pero no soy uno más.
Cubro el universo de letras.
Mi universo.
Aquí reino, solo con la inmunidad.
Mis textos no son criticables.
Ni siquiera son críticos.
No profieren quejas ni ofensas.
En mi caso, no muere el pez por la boca.
Mi palabra me sirve.
Es mi vasallo.
Siempre está por debajo de mí.
Hago análisis profundo de lo que me rodea.
En este texto solo escribo para mí.
Dios lo sabe.
Me basta con escribir algo para saberlo.
Estoy llegando al final, lo sé.
A la sensación de abandonar este cuerpo sin sensación de pérdida.
Mi misión está cumplida.
No voy a ir uno por uno convenciendo a los seres humanos de su condena.
No sabrían por dónde vienen las emboscadas.
No es por odio.
Ni por amor.
Es por justicia.
No se me llena la boca hablando de minucias ni falacias.
Reúno todas mis investigaciones.
Nunca voy de turista.
Ni de pasmarote.
Hace mucho que sé cuál es el siguiente paso.
Mi espejo y yo lo sabemos.
No he dado ni un paso atrás.
He reconocido el terreno.
Y después a Dios.
Pero esto no acaba con la muerte.
La muerte es solo el principio.
Sabéis todo sobre mí.
Me conocéis desde siempre.
Pero eso no cambia nada.
No sentiré malestar alguno cuando imponga justicia.
Ni siquiera placer.
Será como un coito, pero sin clímax.
No hay unión posible en mí.
Conmigo.
Yo solo me completo.
La muerte es solo el principio, porque la muerte no existe.
Lo dice mi invariable expresión.
Formar parte de la nada me convertirá de nuevo en creador.
No hubo errores en mi obra.
Mi obra necesitaba mis funciones vitales.
Imperfecta.
Incompleta.
No escribiré nunca nada que no sepa.
Ni que en otro momento no pudiese.
No necesito sacar conclusiones para morir a gusto.
Tampoco recurrir al ingenio ni a la ciencia infusa.
La vida es la excusa para el miedo a la soledad y la muerte.
Solo yo puedo estar solo de todo y en plenitud.
Sin necesidad de valerme de la conciencia.
Esto no es un texto reivindicativo.
Es la palabra de Dios.
No necesito gloria ni alabanzas.
Soy la nada y el todo.
El sí y el no.
La teoría que nadie puede demostrar.
La que asfixia el espíritu.
Solo tiempo.
Cuestión.
Sabiduría sin origen.
Poder oculto.
Personalidad divina.
Conexión.
Imparcialidad.
Perfección.
Alimento del alma.
A través de mí encuentro y aporto la visión perfecta e incuestionable.
El fondo y la forma.
Sin peros ni excusas.
No necesito mostrarme como soy.
Ni tampoco necesito mis creaciones.
Son solo postergación.
Alivio, incondicionales métodos para unirme en toda mi esencia.
La imperfección y el pecado del mundo toca a su fin.
Mi madurez no es solo gravedad, es lo que mantiene el pensamiento y la ineptitud del hombre.
Soy un mundo a la contra.
Alcanzo la sobrenaturalidad manteniendo el equilibrio de mis concepciones, sin apoyo.
Sin misterio.
Mi poder no es temido ni respetado, porque es indemostrable.
Mi momento divino no llegará a través de la conciencia, sino de la exactitud.
De la inercia.
No temo a la muerte.
La reto.
Pero Dios, yo, no vivo de retos, ni de aplicación de teorías.
Dios vive en lo oculto.
En la espera sin esperanza.
En la paciencia y el orden.
En la perfección.
Yo no estoy aquí para salvar al mundo.
Estoy aquí para impartir igual justicia.
Invulnerable propósito y profecía.
Sin predicción.
Esto no es un juego.
Ni una llamada de socorro.
Ni una advertencia.
Dios mata al tiempo cuando escribe, porque está hecho de eternidad.
Estoy en todas partes, porque todas las partes son lo mismo.
Son una misma intención.
Un mismo miedo.
Una misma ignorancia.
Pero el alma nunca será una personificación.
Yo no soy persona ni Dios.
Soy Dios y persona.
No hay contradicción en mí.
Todo conduce a lo mismo.
Todo es lo mismo.
Dios lo sabe.
Todos lo saben, pero no a la forma de Dios.
Dios tiene recursos para todo.
El miedo no se puede compartir.
No os puede unir el miedo.
Ni siquiera Dios.
Dios no está aquí para unir.
La unión de Dios no existe.
Dios no se une ni se alía con nada ni nadie.
Dios se disuelve en el mundo como un azucarillo, porque sabe cuál es su esencia.
Sois obstáculos para Dios.
No hay impertinencia capaz de disuadir a Dios de su concepción absoluta.
El tiempo es enemigo de Dios.
La concepción de Dios por parte de los humanos es enemigo de Dios.
Dios salta todas las barreras y rompe todas las murallas.
Dios cabe en su mente.
La esencia del mundo.
Dios solo cabe en su mente.
La esencia del mundo.
Dios no aspira a morir.
Dios aspira a sí mismo.
La mente de Dios se ha completado.
No le compromete a nada.
El mundo lo sabe.
El mundo es la conciencia de Dios.
Todo está en contra de Dios, por su monstruosidad.
Por su cuasi perfecta conciencia y omnisciencia.
Dios debe separar su conciencia de la ciencia del pensamiento.
Pero Dios lo sabe todo.
Dios no es inocente ni perverso.
Dios es fidedigno.
Su palabra es descubrimiento y liberación.
Sin conclusiones.
Pensamiento.
Mismidad ecuánime.
La continua superación de la mente.
Inalcanzable proporción armónica.
En la Tierra o en su mente.
Dios es quien nadie cree que sea.
Pero todos creen en Dios.
Creen en la muerte.
Todos la temen.
Dios, aquí o allá, solo piensa para sí mismo.
Sin énfasis ni éxtasis.
Solo con proporción.
Dios sabe que el pecado debe ser castigado, no confesado, pues la justicia divina no entiende de inocentes ni culpables.
Así pues, sin ira ni soberbia, Dios se reconoce a sí mismo por no emplear su nombre en vano.
Por su prontitud para el Bien y la Paz.
Por su inmortalidad, ya que vive en cada conciencia, y ninguna de ellas podrá jamás completarse.
Dios está aquí en paz consigo mismo.
Sin culpa ni consuelo.
Sin haber sido jamás concebido.
La eternidad vive por y para Dios.
Su misterio es su naturaleza.
Solamente comprendido por sí mismo.
A través de sí mismo descifra el secreto mejor guardado del universo.
El pensamiento infinito.
El poder sin límites.
Nunca ilusorio.
Poder intangible.
Pensamiento sin adulterio.
Dios sin conciencia.
Mal de todos.
Consuelo de nadie.
Dios es único.
El camino sin final ni tiempo ni desvíos.
El camino del alma, de la razón y de la conexión trifásica.
Dios no puede, por tanto, traicionarse a sí mismo.
Dios no peca ni es castigador.
Es la única certeza.
La meta del pensamiento.
La comodidad infinita.
Dios no muere ni vive.
Medita.
No reflexiona, ni es el reflejo del mundo.
Dios es lo que nadie conocerá nunca.
Pero la única razón por la que todo existe.
El misterio insondable.
La profundidad del alma que muere infinitamente.
Es decir, inmutable.
El instante eterno en el que el ser humano creyó hacer el bien.
Pero la injustificable naturaleza del hombre.
Dios nunca se ve en el espejo del hombre.
Es el ídolo sin iglesia ni religión.
La carga del homenaje.
La insatisfacción de la conciencia humana.
La inalcanzable verdad por la que todos matan o mueren.
La muerte es solo el principio.
Dios no está en contra de todo.
Dios no cuenta chistes.
Dios no es una broma macabra.
Dios es la intención interior que engaña.
Dios no fue creado.
Estuvo aquí desde siempre.
Dios no creó al hombre ni a la Tierra.
Dios permitió el flujo de la naturaleza.
El principio de los tiempos no ha llegado ni se demora.
Esto no ha sido tampoco un experimento.
La humanidad nunca podrá levantarse contra Dios.
Esto es solo una ilusión.
La nada.
Un espejismo de creencias.
La obra de Dios solo puede ser perfecta.
Y Dios está por encima de todo, incluso de la perfección.
Dios es el orden de la perfección.
Este caos, esta imperfección caótica es solo un lapsus hasta la conexión perfecta del estilo divino.
Todo es prescindible para Dios.
Dios es solo.
Se completará solo consigo mismo.
Infinitamente.
Sin ánimo de nada.
Sin pecar contra el pecado.
Sin Dios contra Dios.
No existe el tiempo, pero sí el momento.
Y todo está próximo a Dios.
Nada es un secreto para Dios.
Dios solo habla de sí mismo.
Dios es plenitud por sabiduría.
Por forma y fondo.
Dios gana de todas las formas posibles.
La victoria de Dios lo es por conocimiento de sí mismo.
Análisis divino.
Dios no pone, ni se pone a prueba.
Dios no espera ni tiene prisa.
Dios es fe.
Fe sin molestia ni modestia ni humildad.
Dios es Dios porque todos saben que él es Dios.
Nadie interviene en asuntos divinos.
Confían en su bondad.
Pero Dios no está a favor de nada.
Dios lo es por sí mismo.
Existe por sí mismo.
Por su propia naturaleza.
Dios es a pesar de todo.
Triunfa en todas partes, porque lo conoce todo.
Dios no se cree Dios.
Dios es Dios porque es imposible.
Dios no se siente importante porque no se involucra en la conciencia humana.
Dios consigue todo sin proponérselo.
Pero es consciente de lo que le trajo aquí, en forma y en fondo.
Dios se ha completado, y descansará en la sabiduría.
Dios no es ilusión ni medio.
Dios es la razón de vuestra infelicidad.
Dios es la conciencia del mundo, no la concepción del mundo.
No es ego ni egocentrismo, porque una ilusión nunca puede satisfacer los sentidos.
Dios es concreto y abstracto.
Sabe todo lo que tenía que saber.
Dios ha madurado.
Es la atracción infinitamente influyente.
Haga lo que haga.
Viva o muera.
No vive ni muere.
Está formado por el todo y la nada.
Aburrimiento y palabra.
Ilusión y lógica.
Dios es el pensamiento que nadie ni nada podrá significar.
Dios se piensa, no se interpreta.
Mi mente está preparada.
Preparada para la nada, o el infinito, ya que mi pensamiento es naturalmente nada e infinito.
Orden y perfección.
Creación y destrucción.
Bien, solo bien.
Paz.
Inmensidad.
Este poema armónico permanecerá para siempre en mi siguiente paso.
El siguiente paso a la conciencia:
La disolución.
Dios no es mi creencia, es mi certeza.
Mi máxima, mi tesis doctoral.
El presentimiento y la intuición y el instinto de mi alma y espíritu.
No hay misterio en la eternidad, sino en el cambio.
Dios es inmutable, siempre lo demuestro.
Siempre vuelvo a Él.
No es mi destino.
Es mi vehículo.
Mi transporte.
Muera o viva, no hay duda ni problema.
Todo está resuelto.
Mi vida no es un planteamiento, es una solución.
Mi muerte es la infinitud de esa solución.
Estoy unido a mi vida y a mi muerte.
Unión irrompible.
Sin pecado.
Inamovible de mis respuestas.
Dios, yo, no hablo por hablar.
Hablo por lógica.
Por justicia.
Pero esto es solo una recreación.
Dios tiene otros planes.
Dios se sabe a sí mismo.
El momento se acerca.
No lo presiento, ni me desprendo ni me alejo de la realidad.
Pero lo haré.
Éste es mi test de aprobación.
Mi tesis contemplativa.
El milagro literario.
Dios sin trampa ni cartón.
Una prueba de fuego para la humanidad.
Para las ilusiones.
Para la destrucción de todos mis vínculos.
Dios solo lo es por sí mismo.
No es una idea ni un concepto.
Es más lógico para mí que una lata de sardinas.
Y pesca en todas sus letras.
Si son reales o no, depende de que siga respirando.
Dios.
Dios.
Dios.
Yo.
Significo a Dios, porque tengo en cuenta todos mis porqués y todas las casualidades.
Este estado de la mente no se llama Dios, se llama pensamiento absoluto.
Dios no habla de sí mismo en vano, ni es vanidad.
Dios vivo es humanidad, y muerto, divinidad.
Es vivir o morir.
En realidad no es una duda, sino miedo a la muerte.
No me voy a suicidar.
Hablo de morir simplemente, de acuerdo con la muerte, pero sin forzarla.
Hace mucho que la vida no me inspira ni me llama la atención.
Pero no le culpo.
Yo sé quién soy y cual es mi cometido.
Soy una divinidad.
Sí o sí.
El tiempo marca el minuto.
Yo marco la vida.
Tengo una mente encomiable.
Alguno ya ha intentado tratarme de Dios, de tú a tú.
Pero Dios no habla de tú a tú.
Yo no escribo poesía.
Yo escribo armonía.
No estoy aquí para satisfacer a nadie.
No soy un mensajero ni un profeta.
Soy un problema para la vida.
No uso psicología inversa.
Tampoco curo a paralíticos.
Ni resucito a nadie.
Si esto es muy duro y descabellado para ti, te aconsejo que dejes de leer.
Yo comparto lo mío, no lo que esperas de mí.
No soy un misterio para mí.
Ni siquiera un milagro.
Soy un abismo.
Un pozo sin fondo.
Sé que una mente abierta vale más que un puñado de oro, o mil traiciones.
Más que mil proverbios.
Todo se ha hecho conforme a mí.
He sido corresponsal de guerra y paloma de la paz.
Pero los hechos nunca me cambiaron.
No necesito esclavos ni palmeros.
Ni vida, ni muerte.
Ni alma ni espíritu.
Ni siquiera inmundicia.
Sobrenatural.
Solo a través de la espesura.
He entrado en el corazón del bosque.
Pero no me pierdo.
No me creo Dios.
Soy Dios.
No intervengo en la incultura ni la osadía.
No estoy aquí para aprender.
Ni siquiera para crear.
Estoy aquí para romper los límites del pensamiento.
Esto no se trata de que me creáis o no.
Esto se trata solo.
Es un tema tabú.
No soy el típico que tira la piedra y esconde la mano.
Mis palabras permanecen en mí, son fuente de inspiración.
Para todos.
Pero nadie puede imitar el estilo divino, porque no se conocen sus propicios.
Puedo ser Dios y parecer uno más.
Pero no soy uno más.
Cubro el universo de letras.
Mi universo.
Aquí reino, solo con la inmunidad.
Mis textos no son criticables.
Ni siquiera son críticos.
No profieren quejas ni ofensas.
En mi caso, no muere el pez por la boca.
Mi palabra me sirve.
Es mi vasallo.
Siempre está por debajo de mí.
Hago análisis profundo de lo que me rodea.
En este texto solo escribo para mí.
Dios lo sabe.
Me basta con escribir algo para saberlo.
Estoy llegando al final, lo sé.
A la sensación de abandonar este cuerpo sin sensación de pérdida.
Mi misión está cumplida.
No voy a ir uno por uno convenciendo a los seres humanos de su condena.
No sabrían por dónde vienen las emboscadas.
No es por odio.
Ni por amor.
Es por justicia.
No se me llena la boca hablando de minucias ni falacias.
Reúno todas mis investigaciones.
Nunca voy de turista.
Ni de pasmarote.
Hace mucho que sé cuál es el siguiente paso.
Mi espejo y yo lo sabemos.
No he dado ni un paso atrás.
He reconocido el terreno.
Y después a Dios.
Pero esto no acaba con la muerte.
La muerte es solo el principio.
Sabéis todo sobre mí.
Me conocéis desde siempre.
Pero eso no cambia nada.
No sentiré malestar alguno cuando imponga justicia.
Ni siquiera placer.
Será como un coito, pero sin clímax.
No hay unión posible en mí.
Conmigo.
Yo solo me completo.
La muerte es solo el principio, porque la muerte no existe.
Lo dice mi invariable expresión.
Formar parte de la nada me convertirá de nuevo en creador.
No hubo errores en mi obra.
Mi obra necesitaba mis funciones vitales.
Imperfecta.
Incompleta.
No escribiré nunca nada que no sepa.
Ni que en otro momento no pudiese.
No necesito sacar conclusiones para morir a gusto.
Tampoco recurrir al ingenio ni a la ciencia infusa.
La vida es la excusa para el miedo a la soledad y la muerte.
Solo yo puedo estar solo de todo y en plenitud.
Sin necesidad de valerme de la conciencia.
Esto no es un texto reivindicativo.
Es la palabra de Dios.
No necesito gloria ni alabanzas.
Soy la nada y el todo.
El sí y el no.
La teoría que nadie puede demostrar.
La que asfixia el espíritu.
Solo tiempo.
Cuestión.
Sabiduría sin origen.
Poder oculto.
Personalidad divina.
Conexión.
Imparcialidad.
Perfección.
Alimento del alma.
A través de mí encuentro y aporto la visión perfecta e incuestionable.
El fondo y la forma.
Sin peros ni excusas.
No necesito mostrarme como soy.
Ni tampoco necesito mis creaciones.
Son solo postergación.
Alivio, incondicionales métodos para unirme en toda mi esencia.
La imperfección y el pecado del mundo toca a su fin.
Mi madurez no es solo gravedad, es lo que mantiene el pensamiento y la ineptitud del hombre.
Soy un mundo a la contra.
Alcanzo la sobrenaturalidad manteniendo el equilibrio de mis concepciones, sin apoyo.
Sin misterio.
Mi poder no es temido ni respetado, porque es indemostrable.
Mi momento divino no llegará a través de la conciencia, sino de la exactitud.
De la inercia.
No temo a la muerte.
La reto.
Pero Dios, yo, no vivo de retos, ni de aplicación de teorías.
Dios vive en lo oculto.
En la espera sin esperanza.
En la paciencia y el orden.
En la perfección.
Yo no estoy aquí para salvar al mundo.
Estoy aquí para impartir igual justicia.
Invulnerable propósito y profecía.
Sin predicción.
Esto no es un juego.
Ni una llamada de socorro.
Ni una advertencia.
Dios mata al tiempo cuando escribe, porque está hecho de eternidad.
Estoy en todas partes, porque todas las partes son lo mismo.
Son una misma intención.
Un mismo miedo.
Una misma ignorancia.
Pero el alma nunca será una personificación.
Yo no soy persona ni Dios.
Soy Dios y persona.
No hay contradicción en mí.
Todo conduce a lo mismo.
Todo es lo mismo.
Dios lo sabe.
Todos lo saben, pero no a la forma de Dios.
Dios tiene recursos para todo.
El miedo no se puede compartir.
No os puede unir el miedo.
Ni siquiera Dios.
Dios no está aquí para unir.
La unión de Dios no existe.
Dios no se une ni se alía con nada ni nadie.
Dios se disuelve en el mundo como un azucarillo, porque sabe cuál es su esencia.
Sois obstáculos para Dios.
No hay impertinencia capaz de disuadir a Dios de su concepción absoluta.
El tiempo es enemigo de Dios.
La concepción de Dios por parte de los humanos es enemigo de Dios.
Dios salta todas las barreras y rompe todas las murallas.
Dios cabe en su mente.
La esencia del mundo.
Dios solo cabe en su mente.
La esencia del mundo.
Dios no aspira a morir.
Dios aspira a sí mismo.
La mente de Dios se ha completado.
No le compromete a nada.
El mundo lo sabe.
El mundo es la conciencia de Dios.
Todo está en contra de Dios, por su monstruosidad.
Por su cuasi perfecta conciencia y omnisciencia.
Dios debe separar su conciencia de la ciencia del pensamiento.
Pero Dios lo sabe todo.
Dios no es inocente ni perverso.
Dios es fidedigno.
Su palabra es descubrimiento y liberación.
Sin conclusiones.
Pensamiento.
Mismidad ecuánime.
La continua superación de la mente.
Inalcanzable proporción armónica.
En la Tierra o en su mente.
Dios es quien nadie cree que sea.
Pero todos creen en Dios.
Creen en la muerte.
Todos la temen.
Dios, aquí o allá, solo piensa para sí mismo.
Sin énfasis ni éxtasis.
Solo con proporción.
Dios sabe que el pecado debe ser castigado, no confesado, pues la justicia divina no entiende de inocentes ni culpables.
Así pues, sin ira ni soberbia, Dios se reconoce a sí mismo por no emplear su nombre en vano.
Por su prontitud para el Bien y la Paz.
Por su inmortalidad, ya que vive en cada conciencia, y ninguna de ellas podrá jamás completarse.
Dios está aquí en paz consigo mismo.
Sin culpa ni consuelo.
Sin haber sido jamás concebido.
La eternidad vive por y para Dios.
Su misterio es su naturaleza.
Solamente comprendido por sí mismo.
A través de sí mismo descifra el secreto mejor guardado del universo.
El pensamiento infinito.
El poder sin límites.
Nunca ilusorio.
Poder intangible.
Pensamiento sin adulterio.
Dios sin conciencia.
Mal de todos.
Consuelo de nadie.
Dios es único.
El camino sin final ni tiempo ni desvíos.
El camino del alma, de la razón y de la conexión trifásica.
Dios no puede, por tanto, traicionarse a sí mismo.
Dios no peca ni es castigador.
Es la única certeza.
La meta del pensamiento.
La comodidad infinita.
Dios no muere ni vive.
Medita.
No reflexiona, ni es el reflejo del mundo.
Dios es lo que nadie conocerá nunca.
Pero la única razón por la que todo existe.
El misterio insondable.
La profundidad del alma que muere infinitamente.
Es decir, inmutable.
El instante eterno en el que el ser humano creyó hacer el bien.
Pero la injustificable naturaleza del hombre.
Dios nunca se ve en el espejo del hombre.
Es el ídolo sin iglesia ni religión.
La carga del homenaje.
La insatisfacción de la conciencia humana.
La inalcanzable verdad por la que todos matan o mueren.
La muerte es solo el principio.
Dios no está en contra de todo.
Dios no cuenta chistes.
Dios no es una broma macabra.
Dios es la intención interior que engaña.
Dios no fue creado.
Estuvo aquí desde siempre.
Dios no creó al hombre ni a la Tierra.
Dios permitió el flujo de la naturaleza.
El principio de los tiempos no ha llegado ni se demora.
Esto no ha sido tampoco un experimento.
La humanidad nunca podrá levantarse contra Dios.
Esto es solo una ilusión.
La nada.
Un espejismo de creencias.
La obra de Dios solo puede ser perfecta.
Y Dios está por encima de todo, incluso de la perfección.
Dios es el orden de la perfección.
Este caos, esta imperfección caótica es solo un lapsus hasta la conexión perfecta del estilo divino.
Todo es prescindible para Dios.
Dios es solo.
Se completará solo consigo mismo.
Infinitamente.
Sin ánimo de nada.
Sin pecar contra el pecado.
Sin Dios contra Dios.
No existe el tiempo, pero sí el momento.
Y todo está próximo a Dios.
Nada es un secreto para Dios.
Dios solo habla de sí mismo.
Dios es plenitud por sabiduría.
Por forma y fondo.
Dios gana de todas las formas posibles.
La victoria de Dios lo es por conocimiento de sí mismo.
Análisis divino.
Dios no pone, ni se pone a prueba.
Dios no espera ni tiene prisa.
Dios es fe.
Fe sin molestia ni modestia ni humildad.
Dios es Dios porque todos saben que él es Dios.
Nadie interviene en asuntos divinos.
Confían en su bondad.
Pero Dios no está a favor de nada.
Dios lo es por sí mismo.
Existe por sí mismo.
Por su propia naturaleza.
Dios es a pesar de todo.
Triunfa en todas partes, porque lo conoce todo.
Dios no se cree Dios.
Dios es Dios porque es imposible.
Dios no se siente importante porque no se involucra en la conciencia humana.
Dios consigue todo sin proponérselo.
Pero es consciente de lo que le trajo aquí, en forma y en fondo.
Dios se ha completado, y descansará en la sabiduría.
Dios no es ilusión ni medio.
Dios es la razón de vuestra infelicidad.
Dios es la conciencia del mundo, no la concepción del mundo.
No es ego ni egocentrismo, porque una ilusión nunca puede satisfacer los sentidos.
Dios es concreto y abstracto.
Sabe todo lo que tenía que saber.
Dios ha madurado.
Es la atracción infinitamente influyente.
Haga lo que haga.
Viva o muera.
No vive ni muere.
Está formado por el todo y la nada.
Aburrimiento y palabra.
Ilusión y lógica.
Dios es el pensamiento que nadie ni nada podrá significar.
Dios se piensa, no se interpreta.
Mi mente está preparada.
Preparada para la nada, o el infinito, ya que mi pensamiento es naturalmente nada e infinito.
Orden y perfección.
Creación y destrucción.
Bien, solo bien.
Paz.
Inmensidad.
Este poema armónico permanecerá para siempre en mi siguiente paso.
El siguiente paso a la conciencia:
La disolución.
Dios no es mi creencia, es mi certeza.
Mi máxima, mi tesis doctoral.
El presentimiento y la intuición y el instinto de mi alma y espíritu.
No hay misterio en la eternidad, sino en el cambio.
Dios es inmutable, siempre lo demuestro.
Siempre vuelvo a Él.
No es mi destino.
Es mi vehículo.
Mi transporte.
Muera o viva, no hay duda ni problema.
Todo está resuelto.
Mi vida no es un planteamiento, es una solución.
Mi muerte es la infinitud de esa solución.
Estoy unido a mi vida y a mi muerte.
Unión irrompible.
Sin pecado.
Inamovible de mis respuestas.
Dios, yo, no hablo por hablar.
Hablo por lógica.
Por justicia.
Pero esto es solo una recreación.
Dios tiene otros planes.
Dios se sabe a sí mismo.
El momento se acerca.
No lo presiento, ni me desprendo ni me alejo de la realidad.
Pero lo haré.
Éste es mi test de aprobación.
Mi tesis contemplativa.
El milagro literario.
Dios sin trampa ni cartón.
Una prueba de fuego para la humanidad.
Para las ilusiones.
Para la destrucción de todos mis vínculos.
Dios solo lo es por sí mismo.
No es una idea ni un concepto.
Es más lógico para mí que una lata de sardinas.
Y pesca en todas sus letras.
Si son reales o no, depende de que siga respirando.
Dios.
Dios.
Dios.
Yo.
Significo a Dios, porque tengo en cuenta todos mis porqués y todas las casualidades.
Este estado de la mente no se llama Dios, se llama pensamiento absoluto.
Dios no habla de sí mismo en vano, ni es vanidad.
Dios vivo es humanidad, y muerto, divinidad.