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Verde Militar

Piedad Acosta Ruiz

Poeta recién llegado



El coronel no tendrá


quien le escriba,


cayó con sus soldados


en un campo minado,


en un frio julio de


violencia colmado.




Dolor de dolor,


en una ciudad,


donde solos


celebran el funeral,


despidiendo


sus soldados


con un triste


cortejo militar,


y en la mano


del militar,


un celular.




Todos vestidos de verde militar,


haciéndole honras fúnebres,


cerca, muy cerca,


del san Vicente Hospital,


mientras todos la Copa América


no paraban de mirar.






Cerca, muy cerca


de la funeraria


San Vicente, por donde


ni siquiera un anima


del purgatorio


osaba pasar,


para las penas y dolores


a los militares en cuerpo y alma


heridos, calmar y consolar.




El miedo reinaba,


¡acaso otro atentado!


¡más vidas perdidas!


hacían que celosamente


el viaducto del Metro,


y toda la ciudad,


soldados indefensos


la hicieran cuidar.



Todos metidos con su elegante uniforme


verde militar, era su uniforme de gala,


diciendo adiós a los muchachos muertos


y a su coronel que en otro lugar,


no minado irían a descansar,


a sus pueblos natales en sus


campos santos para siempre,


lejos de la inseguridad y las balas,


dormirían una eterna siesta,


que no despertarían ni el más


temible vendaval y huracán.




Y su Colombia quedaría atrás,


esa que siempre


defendieron en el monte,


hasta que en Valdivia,


recibieron su golpe fatal.




Patria antes que vida,


Ricaurte en San Mateo


en átomos volando,


“Deber antes que vida”,


con llamas escribió.




Atrás dejaron


esa patria de


niños con hambre,


mujeres asesinadas,


desigualdad marcada,


sembrada de violencia,


drogadicción, traqueteo,


sumisión e indiferencia.




Esa patria,


esa inseguridad,


que a muchos


soldados y militares


injustamente trasladados,


ha hecho renunciar,


aunque el hambre


toque sin compasión


las puertas de su hogar.




En el paraíso, donde


florece la orquídea,


el perezoso abraza su árbol,


como lo hace el oso de anteojos,


allí donde la marihuana,


amapola, coca y miles de plantas más,


crecen sin necesidad de sembrador,


acariciando los atardeceres


con esa fragancias y verdor,


que solo el trópico atesora


con tan singular esplendor.






Colombia tricolor,


te mata la codicia,


allí donde la riqueza


viste sus atardeceres con


toda su magnánima belleza,


allí donde sufre el emigrante


su jadeante travesía al norte,


allí donde la cárcel y el cementerio


abren sus inmensas puertas


para el que ha decidido dejar


de ser pobre en sus valles,


selvas, desiertos y llanuras;


en sus verdes montañas.​




 
Última edición:


El coronel no tendrá


quien le escriba,


cayó con sus soldados


en un campo minado,


en un frio julio de


violencia colmado.




Dolor de dolor,


en una ciudad,


donde solos


celebran el funeral,


despidiendo


sus soldados


con un triste


cortejo militar,


y en la mano


del militar,


un celular.




Todos vestidos de verde militar,


haciéndole honras fúnebres,


cerca, muy cerca,


del san Vicente Hospital,


mientras todos la Copa América


no paraban de mirar.






Cerca, muy cerca


de la funeraria


San Vicente, por donde


ni siquiera un anima


del purgatorio


osaba pasar,


para las penas y dolores


a los militares en cuerpo y alma


heridos, calmar y consolar.




El miedo reinaba,


¡acaso otro atentado!


¡más vidas perdidas!


hacían que celosamente


el viaducto del Metro,


y toda la ciudad,


soldados indefensos


la hicieran cuidar.



Todos metidos con su elegante uniforme


verde militar, era su uniforme de gala,


diciendo adiós a los muchachos muertos


y a su coronel que en otro lugar,


no minado irían a descansar,


a sus pueblos natales en sus


campos santos para siempre,


lejos de la inseguridad y las balas,


dormirían una eterna siesta,


que no despertarían ni el más


temible vendaval y huracán.




Y su Colombia quedaría atrás,


esa que siempre


defendieron en el monte,


hasta que en Valdivia,


recibieron su golpe fatal.




Patria antes que vida,


Ricaurte en San Mateo


en átomos volando,


“Deber antes que vida”,


con llamas escribió.




Atrás dejaron


esa patria de


niños con hambre,


mujeres asesinadas,


desigualdad marcada,


sembrada de violencia,


drogadicción, traqueteo,


sumisión e indiferencia.




Esa patria,


esa inseguridad,


que a muchos


soldados y militares


injustamente trasladados,


ha hecho renunciar,


aunque el hambre


toque sin compasión


las puertas de su hogar.




En el paraíso, donde


florece la orquídea,


el perezoso abraza su árbol,


como lo hace el oso de anteojos,


allí donde la marihuana,


amapola, coca y miles de plantas más,


crecen sin necesidad de sembrador,


acariciando los atardeceres


con esa fragancias y verdor,


que solo el trópico atesora


con tan singular esplendor.






Colombia tricolor,


te mata la codicia,


allí donde la riqueza


viste sus atardeceres con


toda su magnánima belleza,


allí donde sufre el emigrante


su jadeante travesía al norte,


allí donde la cárcel y el cementerio


abren sus inmensas puertas


para el que ha decidido dejar


de ser pobre en sus valles,


selvas, desiertos y llanuras;


en sus verdes montañas.​




Grato rememorar a Gabriel García Marquez.

Saludos
 


El coronel no tendrá


quien le escriba,


cayó con sus soldados


en un campo minado,


en un frio julio de


violencia colmado.




Dolor de dolor,


en una ciudad,


donde solos


celebran el funeral,


despidiendo


sus soldados


con un triste


cortejo militar,


y en la mano


del militar,


un celular.




Todos vestidos de verde militar,


haciéndole honras fúnebres,


cerca, muy cerca,


del san Vicente Hospital,


mientras todos la Copa América


no paraban de mirar.






Cerca, muy cerca


de la funeraria


San Vicente, por donde


ni siquiera un anima


del purgatorio


osaba pasar,


para las penas y dolores


a los militares en cuerpo y alma


heridos, calmar y consolar.




El miedo reinaba,


¡acaso otro atentado!


¡más vidas perdidas!


hacían que celosamente


el viaducto del Metro,


y toda la ciudad,


soldados indefensos


la hicieran cuidar.



Todos metidos con su elegante uniforme


verde militar, era su uniforme de gala,


diciendo adiós a los muchachos muertos


y a su coronel que en otro lugar,


no minado irían a descansar,


a sus pueblos natales en sus


campos santos para siempre,


lejos de la inseguridad y las balas,


dormirían una eterna siesta,


que no despertarían ni el más


temible vendaval y huracán.




Y su Colombia quedaría atrás,


esa que siempre


defendieron en el monte,


hasta que en Valdivia,


recibieron su golpe fatal.




Patria antes que vida,


Ricaurte en San Mateo


en átomos volando,


“Deber antes que vida”,


con llamas escribió.




Atrás dejaron


esa patria de


niños con hambre,


mujeres asesinadas,


desigualdad marcada,


sembrada de violencia,


drogadicción, traqueteo,


sumisión e indiferencia.




Esa patria,


esa inseguridad,


que a muchos


soldados y militares


injustamente trasladados,


ha hecho renunciar,


aunque el hambre


toque sin compasión


las puertas de su hogar.




En el paraíso, donde


florece la orquídea,


el perezoso abraza su árbol,


como lo hace el oso de anteojos,


allí donde la marihuana,


amapola, coca y miles de plantas más,


crecen sin necesidad de sembrador,


acariciando los atardeceres


con esa fragancias y verdor,


que solo el trópico atesora


con tan singular esplendor.






Colombia tricolor,


te mata la codicia,


allí donde la riqueza


viste sus atardeceres con


toda su magnánima belleza,


allí donde sufre el emigrante


su jadeante travesía al norte,


allí donde la cárcel y el cementerio


abren sus inmensas puertas


para el que ha decidido dejar


de ser pobre en sus valles,


selvas, desiertos y llanuras;


en sus verdes montañas.​





Un bonito homenaje a Colombia citando los últimos versos de su himno nacional.

Ricaurte en San Mateo
en átomos volando,
“Deber antes que vida”,
con llamas escribió.

Abrazos Piedad.
 
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