Versos Libres

Pinturicchio

Poeta recién llegado
1

Los dos entre lo oscuro y las paredes el sábado, deseosos,
las carnes incineradas, tus vocablos de buen decir
en mis oídos.
Mi discurso en tus ojos cerrados,
las luces en la imaginación,
el latir cayendo paulatinamente
como el agua en las cascadas
o mi sillón preferido observando desde su lugar
como hay sitio entre las bocas.
La balada, el tacto, la invitación que tiembla y mi manera de adherirme.


2

Está la lucha escondida de mi mente
como el sueño de los primeros días.
Tocar, incorporarse, verte, reírme por dentro.
¡Me gustas!
Me gustas como los que alimentan las despedidas,
las palabras más dulces, las propias maneras
y esa verdad que late en el acento de tu partida, que se clava
entre los momentos de saber que llegaré y no podré mirarte a los ojos.
Y los pasos tan tristes se volverán espasmos
en otras estaciones, en otras calles, en otros besos.


3

El beso. El buen beso,
el que pasó como una invitación a romper un esquema,
se lanza sin fondo, irónicamente dulce, dulce, dulce.
Extraña fiesta de mordeduras, con suave horror en tu pecho
se esparcen por todo el silencioso minuto,
mis manos se difunden entre tus hebras
y los flujos caen como un aroma de suave encanto,
de razonable carácter.


4

El miedo de saber que existes, suave y profunda
dama de la poesía bajo el encanto de la nostalgia,
enamora mis astros y los lanza a la vez
a las perdidas noches de sosiego
y bárbara muerte.
Entonces, la penitencia grave del espíritu
será prestada a los recuerdos.



5

La casa del tercer piso, me da un gusto a miedo,
como un dolor de lenta decisión de morir, sus fatigosas escaleras,
la pena inmensa de que no estarás.
La recordaré para siempre,
nunca se sabe, desprenderse años equivocados,
pero de pronto vuelvo a pensar,
a conocer mi salvaje ego, mi fondo desgarrado
y decido con alguna calma, silenciosa aprovechar que la tengo,
¿Saldrá corriendo? Es un horror magnifico, es el polvo al que volveré.


6

Lúcida después del beso,
con voracidades taciturnas
y alguna mímica, solo algunos que otros pasajes de un traje de piel.
Entonces estaba yo abriendo mi esencia
como el ocaso o la sangre mas letal.
Pero los minutos eran más rápidos que la fuga del viento,
espléndidos como un discurso, mis palmas frotando
las dudas como si entendiera cada uno de sus corrientes,
conmovido como la razón de su futuro,
y en plena oscuridad de tanto imaginarla, mi corazón iba callando.
 
Son guapos, tus versos libres. Tan libres que refieres, casi asépticamente en cuanto a la forma, cómo se desarrolla el encuentro, por qué, cómo y hasta dónde.
Pero esa aparente frialdad sólo esconde la pasión controlada que la vida te provoca.
Un placer, poeta.
 

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