Elisalle
Poetisa
VERSOS PARA NO SOÑAR
Era una niña
que sola vivía
en un palacio dorado
frente al mar.
Creció con las hadas
fértiles madres
que el néctar más puro
supieron brindar.
Un día su padre
vio que crecía
turgentes pechos
empezaban a abultar
y su cabellera
ébano de sílfides
hacía murmurar.
El hombre quiso
que nadie viera
aquella beldad
y mientras dormía
al cuarto más lejos
la mandó encerrar.
Ella no supo
de cuentos para soñar
ni cantarinas nanas
escuchó entonar.
Imaginaba cielos
con gentes de verdad
caminando aceras
salían a saludar.
Alma de infante
mantuvo por años
hasta que la inquietud
empezó a molestar
y una tarde de octubre
pétalos blancos
adornaron su ventana
era primavera
que invitaba a pasear
y con sus encantos
a la hora del cenit
aquella puerta
se atrevió a cruzar.
Sonrió a las estrellas
descubrió el suave titilar
y como tierna doncella
el mundo fue a conquistar.
Sus labios sedientos
de tanto caminar
fueron juncos prístinos
para un capitán
que la encontró dormida
sobre un pajar.
Era un mozo rubio
de aquellos de historias
que a las jóvenes
consiguen enamorar.
Ella de magia no sabía
aprendió con su presencia.
Lo amó con temores
entre canto de ruiseñores
y él como a un ángel
de rodillas adoró
a la bella en sus candores.
Soñando una isla
que nadie imaginó
encintó a su amada
para ser felices
como nunca nadie logró.
Se supo de cuadrillas
que buscaban a la niña
que en su veloz huida
un arete perdió
y fue su brillo
prisma de cielo
el que los guió.
¡Alto ahí!
Dijeron los guardias
cuando dos corazones
se abrazaban con ardor.
-Es mi padre-
Dijo con espanto
y sin pensarlo siquiera
indulgencia pidió
pero al hombre la ira
pensar no lo dejó
apuntó certera espada
a la vida que empezaba.
Dice el caminante
que pasa por el oscuro lugar
que una luz potente
ilumina su andar
y a todos los perdidos
hasta encontrar la claridad.
Es la de del arete
que ella conservara.
Nadie ve sus labios secos
de tanto llorar
solo sonidos entre follajes
pueden escuchar
como suaves lamentos
que entre silbos
emite el viento.
y que solo puede oír
quien conoce el sufrimiento
Quien sabe de tormentos.
Margarita
10/09/2013
Era una niña
que sola vivía
en un palacio dorado
frente al mar.
Creció con las hadas
fértiles madres
que el néctar más puro
supieron brindar.
Un día su padre
vio que crecía
turgentes pechos
empezaban a abultar
y su cabellera
ébano de sílfides
hacía murmurar.
El hombre quiso
que nadie viera
aquella beldad
y mientras dormía
al cuarto más lejos
la mandó encerrar.
Ella no supo
de cuentos para soñar
ni cantarinas nanas
escuchó entonar.
Imaginaba cielos
con gentes de verdad
caminando aceras
salían a saludar.
Alma de infante
mantuvo por años
hasta que la inquietud
empezó a molestar
y una tarde de octubre
pétalos blancos
adornaron su ventana
era primavera
que invitaba a pasear
y con sus encantos
a la hora del cenit
aquella puerta
se atrevió a cruzar.
Sonrió a las estrellas
descubrió el suave titilar
y como tierna doncella
el mundo fue a conquistar.
Sus labios sedientos
de tanto caminar
fueron juncos prístinos
para un capitán
que la encontró dormida
sobre un pajar.
Era un mozo rubio
de aquellos de historias
que a las jóvenes
consiguen enamorar.
Ella de magia no sabía
aprendió con su presencia.
Lo amó con temores
entre canto de ruiseñores
y él como a un ángel
de rodillas adoró
a la bella en sus candores.
Soñando una isla
que nadie imaginó
encintó a su amada
para ser felices
como nunca nadie logró.
Se supo de cuadrillas
que buscaban a la niña
que en su veloz huida
un arete perdió
y fue su brillo
prisma de cielo
el que los guió.
¡Alto ahí!
Dijeron los guardias
cuando dos corazones
se abrazaban con ardor.
-Es mi padre-
Dijo con espanto
y sin pensarlo siquiera
indulgencia pidió
pero al hombre la ira
pensar no lo dejó
apuntó certera espada
a la vida que empezaba.
Dice el caminante
que pasa por el oscuro lugar
que una luz potente
ilumina su andar
y a todos los perdidos
hasta encontrar la claridad.
Es la de del arete
que ella conservara.
Nadie ve sus labios secos
de tanto llorar
solo sonidos entre follajes
pueden escuchar
como suaves lamentos
que entre silbos
emite el viento.
y que solo puede oír
quien conoce el sufrimiento
Quien sabe de tormentos.
Margarita
10/09/2013
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