Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
Vespertino
Al atardecer los autos callan, ese trajín sulfuroso de nerviosos calambres,
la gran luz se apaga, el viento entra por blancas cortinas
y sus sombras tiemblan desnudas sobre el suelo de madera.
La luz roja del grabador sigue prendida, mientras por lo bajo,
se escucha algún disco giratorio.
Los libros todos tirados en el suelo, dos verdes manzanas
se hacen compañía en un rincón.
Abro la puerta y recorro el pasillo hasta el final,
tomo el picaporte del pórtico izquierdo,
una brisa fresca y salvaje se evade desde abajo de las hendiduras,
hiedras trepadoras se pegan y crecen vertiginosamente
por los marcos de la puerta.
Al abrirla
(un sol profundo me enceguece mientras pájaros
rubicundos se despliegan en bandadas y un halo de gran
sempervirencia es contrastado solamente
por el reverbero de una cascada planetaria)
El cielo se encuentra lleno de nudos coruscantes, y órbitas,
y planetas azules y purpúreos,
el aire se ufana de una mística sagrada, y sospechosamente
serena e inalterable.
Al anochecer, la luz cae y el sol perfumado se apaga,
y en ese lento degradé sólo puedo percibir un contorno difumino sobre mi cama,
una figura sensual que se me acerca y me toma de la mano.
Con las últimas sombras apunto de conquistar la maison
Al atardecer los autos callan, ese trajín sulfuroso de nerviosos calambres,
la gran luz se apaga, el viento entra por blancas cortinas
y sus sombras tiemblan desnudas sobre el suelo de madera.
La luz roja del grabador sigue prendida, mientras por lo bajo,
se escucha algún disco giratorio.
Los libros todos tirados en el suelo, dos verdes manzanas
se hacen compañía en un rincón.
Abro la puerta y recorro el pasillo hasta el final,
tomo el picaporte del pórtico izquierdo,
una brisa fresca y salvaje se evade desde abajo de las hendiduras,
hiedras trepadoras se pegan y crecen vertiginosamente
por los marcos de la puerta.
Al abrirla
(un sol profundo me enceguece mientras pájaros
rubicundos se despliegan en bandadas y un halo de gran
sempervirencia es contrastado solamente
por el reverbero de una cascada planetaria)
El cielo se encuentra lleno de nudos coruscantes, y órbitas,
y planetas azules y purpúreos,
el aire se ufana de una mística sagrada, y sospechosamente
serena e inalterable.
Al anochecer, la luz cae y el sol perfumado se apaga,
y en ese lento degradé sólo puedo percibir un contorno difumino sobre mi cama,
una figura sensual que se me acerca y me toma de la mano.
Con las últimas sombras apunto de conquistar la maison