Almudena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Dan más de lo que toman mientras que
impávidas violentan el rasgado de los ojos;
cuencas donde las comadres inventan
sórdido sudario para cenizas.
Como estandartes enarbolando la piel
sobre las barricadas cetrinas de plegarias
apenas susurradas.
No crece la grama bajo el cuerpo ingrávido
tan solo el silente destino reza como epitafio.
Dónde plantará su huella
dónde gestara la sonrisa de un parto…
vi unos ojos, quizás fueron los míos.
Las caricias desenredan el pelo de las arañas
por las calles emborronadas de graffitis,
porque las balas silban en el núcleo de una neurona rebelde.
Introduzco mis dedos teñidos de noche en
la fisura intercostal
para cerciorarme de que abierta la herida
aún sangra.
impávidas violentan el rasgado de los ojos;
cuencas donde las comadres inventan
sórdido sudario para cenizas.
Como estandartes enarbolando la piel
sobre las barricadas cetrinas de plegarias
apenas susurradas.
No crece la grama bajo el cuerpo ingrávido
tan solo el silente destino reza como epitafio.
Dónde plantará su huella
dónde gestara la sonrisa de un parto…
vi unos ojos, quizás fueron los míos.
Las caricias desenredan el pelo de las arañas
por las calles emborronadas de graffitis,
porque las balas silban en el núcleo de una neurona rebelde.
Introduzco mis dedos teñidos de noche en
la fisura intercostal
para cerciorarme de que abierta la herida
aún sangra.
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