carlos lopez dzur
Poeta que considera el portal su segunda casa
Vengan por este alimento.
Su acústica emergencia.
Una cigarra macho y un mono aullador
avisan su presencia. Ambos urgen del sexo
y sus sacos vocales son como dos testículos
que se hinchan. Suenan como tambores
y se van a alimentar de compañía.
Juntos harán su ágape, la dualidad
es banquete, la hembritud, un pan.
El olvido, separación,
potencial excremento.
Mas, no importa, acércate como la rana
que coauxilia y obedece a los lenguajes acústicos.
Vulnerable vida, perecedero animal,
afortunado es aquel que aprende su lenguaje.
Aún el pollito que pía, con menos intensidad
que una gallina, o un trueno a flor de noche,
exhala su temor, clama por frío, convence
del hambre que padece.
Bienvenido, Lenguaje,
padre de la misericordia,
justicia del ser sobreviviente.
Saldrá del hueco del lodazal el cocodrilo;
madre, destapa la tumba.
Que salga a superficie el crío.
Primate, indícame la amistad
con tu rascada, cuídame, tranquílizame.
Elimina con tus manos pulgas indeseables.
Mata parásitos que la razón no me asiste.
Vengan por el alimento primordial.
El lenguaje germina algún servicio.
El olfato oye, la audición responde,
el tacto distribuye. Aunque invisible
al ojo, la vibración existe.
03-12-1990 / Indice: El libro de la amistad