Manuel Jesús Martínez
Poeta recién llegado
VIDA FUERA DE TI
La tragedia de vivir con miedo, la incertidumbre de no verte, se traduce en un nudo en el estómago que llega a la garganta, haciendo respirar todo el rato cristales de arena. El miedo a decir o hacer algo que te importune, se convierte en una daga que se clava en la espalda, llenando mis pulmones de óxido y sangre, impidiendo que respire tu olor a canela.
La congoja que produce tu mirada indiferente cuando escondes tus ojos de los míos, se transforma en latigazos que laceran mi alma, que sólo pide estar junto al amor que le dio sentido a la vida de quien te escribe esto.
Tiemblan los dedos en el teclado, pero aun así mi cuerpo se rebela contra la sensación de desasosiego que se está clavando en mi vida. Peleo y me quito todo lo que me hace daño e imagino que tú inicias las curas, que las hemorragias se detienen con solo rozarme dedos y que mi cuerpo se hincha de fuerza para pelear contra la vida, si es que se atreve a separarnos. Pero todo eso no vale nada si las heridas no cicatrizan. Si la sangre no deja de manar. Mis ojos tienen que dejar de tener vidrio mojado en las pupilas para poder ver bien el camino hasta tu preciosa cara, perdida ya la indiferencia de la que castiga dando visto bueno al dolor. No quiero vivir con miedo. No puedo seguir soñando que estás conmigo y que todo lo que me sujeta sea falso.
No quiero vivir más con miedo. Se presenta pavorosa la vida sin ti, pero no puedo bajar mas a los infiernos que me arrastra tu ausencia. No quiero vivir con miedo a no tenerte cuando ya te he perdido. Ya no más.
Tiene que haber vida fuera de ti. La encontraré. Pero el camino va a ser brutal.

La tragedia de vivir con miedo, la incertidumbre de no verte, se traduce en un nudo en el estómago que llega a la garganta, haciendo respirar todo el rato cristales de arena. El miedo a decir o hacer algo que te importune, se convierte en una daga que se clava en la espalda, llenando mis pulmones de óxido y sangre, impidiendo que respire tu olor a canela.
La congoja que produce tu mirada indiferente cuando escondes tus ojos de los míos, se transforma en latigazos que laceran mi alma, que sólo pide estar junto al amor que le dio sentido a la vida de quien te escribe esto.
Tiemblan los dedos en el teclado, pero aun así mi cuerpo se rebela contra la sensación de desasosiego que se está clavando en mi vida. Peleo y me quito todo lo que me hace daño e imagino que tú inicias las curas, que las hemorragias se detienen con solo rozarme dedos y que mi cuerpo se hincha de fuerza para pelear contra la vida, si es que se atreve a separarnos. Pero todo eso no vale nada si las heridas no cicatrizan. Si la sangre no deja de manar. Mis ojos tienen que dejar de tener vidrio mojado en las pupilas para poder ver bien el camino hasta tu preciosa cara, perdida ya la indiferencia de la que castiga dando visto bueno al dolor. No quiero vivir con miedo. No puedo seguir soñando que estás conmigo y que todo lo que me sujeta sea falso.
No quiero vivir más con miedo. Se presenta pavorosa la vida sin ti, pero no puedo bajar mas a los infiernos que me arrastra tu ausencia. No quiero vivir con miedo a no tenerte cuando ya te he perdido. Ya no más.
Tiene que haber vida fuera de ti. La encontraré. Pero el camino va a ser brutal.
