Nýcolas
Poeta asiduo al portal
Es sólo hoy cuando puedes oír al pájaro cantar.
Es, sin embargo, en el recuerdo cuando te azotas
Las espaldas y esa columna de acero vibra.
Recordar es encontrar sueños vividos en el olvido
Y guardarlos en el sagrado cofre que late.
Qué sentido tiene el placebo si azul brilla
Por las noches y sólo por las noches vive.
Tengo el ojo de un zorzal en un colgante
Colgando al cuello y duermo en un canto muerto.
Qué terrible es el futuro que timorato
Vive muriendo en una estrella.
Abstracción secreta: dicen que la vida es bella.
¡Y cuántas perlas brillan y no existen!, a lo lejos,
A lo lejos... Como un violín abandonado en una casa de San Telmo.
He asesinado dioses, ¡oh cuán grande será mi condena!,
Y escribo con esta tinta extraída de sus sangres,
Tinta divina para magia en unas líneas.
Entre la espada y la pared me vi forzado a ser un mago.
Quisiera cambiar todos los tiempos que todavía no han nacido,
Contemplar los ayeres como un árbol cuando es contemplado por un sabio.
Quisiera tantas cosas antes de morir, o al menos sólo una.
Hay una suave lluvia perlando la ciudad; sueños envejecidos
A la luz de un farol abandonado en una esquina...
Secretos que jamás podrán ver la luz, encerrados, no olvidados,
Despreciados, algunos, en una casita sin puertas ni ventanas;
Otros, felizmente recordados en la bóveda del sol.
Me estoy muriendo. Cuán cerca estamos de la muerte tras cada hoy.
La siento respirar en el ombligo, y la imagino pálida pidiéndome un beso.
Como la pobre sin madre llorando en una plaza.
Creo que amo las mujeres que no pueden ya reír.
Destrozado y desafinado sin embargo lloro una guitarra.
Y de mis ojos se escapa un grito... Tan lleno de silencio.
Y sin embargo aquí, bebiéndome el líquido celeste que embriaga a los astros.
Y cuánto vacío invisible, y cuantas colores pinturas inspiraciones del átomo:
Desequilibrio mágico. Soy la tormenta del sol en una rotación lunar,
Giro sobre la columna y charlo con el Cosmos, planeamos el castigo de la noche.
Con un látigo de asteroides ella le dejará cráteres en la espalda, y yo,
Ex-taciturno, con un Plutón dentro de cada iris seré voyeur.
Aún así no sé si sirve dejarse acribillar por el cielo en los días grises,
Dicen que mañana saldrá el sol, ¿es que acaso me importa?, mi alma,
Aún con un agujero en el pulmón, mi alma, pequeñas galaxias respira.
Ya no tengo voz. En mis letras está mi lengua: asesiné mi orgullo.
Léase lento el versículo de la lágrima. Vea, un niño sobre una bicicleta verde.
Fáctica o ficticia furcia a mis ojos invaden, ventanas de calabozo,
Voy a eliminar su respuesta en blanco que hostil he de tomar. Desconfío.
Pero ay que sigo y sigo y prosigo, me desparramo por la vidriera mutis
Cual un reloj de arena arcaico deseando marcar las tres.
La serenata de Schubert me acompaña junto a la estufa apagada,
Parece invierno pero sin frío, hay gotas de plata, y ayer en la madrugada,
Hubo truenos refulgentes y sonoros en tétrico espectáculo de la vida y de la muerte.
Es, sin embargo, en el recuerdo cuando te azotas
Las espaldas y esa columna de acero vibra.
Recordar es encontrar sueños vividos en el olvido
Y guardarlos en el sagrado cofre que late.
Qué sentido tiene el placebo si azul brilla
Por las noches y sólo por las noches vive.
Tengo el ojo de un zorzal en un colgante
Colgando al cuello y duermo en un canto muerto.
Qué terrible es el futuro que timorato
Vive muriendo en una estrella.
Abstracción secreta: dicen que la vida es bella.
¡Y cuántas perlas brillan y no existen!, a lo lejos,
A lo lejos... Como un violín abandonado en una casa de San Telmo.
He asesinado dioses, ¡oh cuán grande será mi condena!,
Y escribo con esta tinta extraída de sus sangres,
Tinta divina para magia en unas líneas.
Entre la espada y la pared me vi forzado a ser un mago.
Quisiera cambiar todos los tiempos que todavía no han nacido,
Contemplar los ayeres como un árbol cuando es contemplado por un sabio.
Quisiera tantas cosas antes de morir, o al menos sólo una.
Hay una suave lluvia perlando la ciudad; sueños envejecidos
A la luz de un farol abandonado en una esquina...
Secretos que jamás podrán ver la luz, encerrados, no olvidados,
Despreciados, algunos, en una casita sin puertas ni ventanas;
Otros, felizmente recordados en la bóveda del sol.
Me estoy muriendo. Cuán cerca estamos de la muerte tras cada hoy.
La siento respirar en el ombligo, y la imagino pálida pidiéndome un beso.
Como la pobre sin madre llorando en una plaza.
Creo que amo las mujeres que no pueden ya reír.
Destrozado y desafinado sin embargo lloro una guitarra.
Y de mis ojos se escapa un grito... Tan lleno de silencio.
Y sin embargo aquí, bebiéndome el líquido celeste que embriaga a los astros.
Y cuánto vacío invisible, y cuantas colores pinturas inspiraciones del átomo:
Desequilibrio mágico. Soy la tormenta del sol en una rotación lunar,
Giro sobre la columna y charlo con el Cosmos, planeamos el castigo de la noche.
Con un látigo de asteroides ella le dejará cráteres en la espalda, y yo,
Ex-taciturno, con un Plutón dentro de cada iris seré voyeur.
Aún así no sé si sirve dejarse acribillar por el cielo en los días grises,
Dicen que mañana saldrá el sol, ¿es que acaso me importa?, mi alma,
Aún con un agujero en el pulmón, mi alma, pequeñas galaxias respira.
Ya no tengo voz. En mis letras está mi lengua: asesiné mi orgullo.
Léase lento el versículo de la lágrima. Vea, un niño sobre una bicicleta verde.
Fáctica o ficticia furcia a mis ojos invaden, ventanas de calabozo,
Voy a eliminar su respuesta en blanco que hostil he de tomar. Desconfío.
Pero ay que sigo y sigo y prosigo, me desparramo por la vidriera mutis
Cual un reloj de arena arcaico deseando marcar las tres.
La serenata de Schubert me acompaña junto a la estufa apagada,
Parece invierno pero sin frío, hay gotas de plata, y ayer en la madrugada,
Hubo truenos refulgentes y sonoros en tétrico espectáculo de la vida y de la muerte.
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