Qalat Chabir
Poeta que considera el portal su segunda casa
Has malgastado tanta vida intentando
ser un guerrero con espada de otros tiempos,
ya luchando en contiendas urbanas con asfalto,
o tal vez un cruzado sin cabalgadura
en defensa de la tierra santa de Jerusalem.
¡Has malgastado tanta vida!
Pero has de reconocer resignadamente,
sin preguntarte nada,
aun si el aliento te faltase,
que con la espada te ha faltado ese empeño mayor
que se ha de tener para luchar como los demás en estas vidas comunes,
y unas manos fuertes y ásperas para empuñarla sin temblar.
Has de entender que no se pueden ganar batallas ni guerras
entreteniendo al espíritu con la suave danza de la hojarasca,
o con la llegada y el canto de la golondrina de Becquer
o indagando con un cuestionado éxito en el porqué de la luz
y su místico misterio en los ojos y en la mirada de las gentes normales
con esa sabiduría hospedada en el vivir:
los niños con su sudor germinado en cualquier plazoleta,
los jóvenes con sus inquietudes de cuerpos sin ropas,
los ancianos pensando en sus cosas de ancianos.
Mas si enjuiciada esta forma de vivir
la muerte has de tener;
que sea, sencillamente, aniquilando de tu carne,
de tu sangre y de tus huesos;
los versos de Neruda, de Aleixandre, de Alfonsina,
y tantos otros que fueron culpables
de tan alto agravio a esas vidas comunes.
ser un guerrero con espada de otros tiempos,
ya luchando en contiendas urbanas con asfalto,
o tal vez un cruzado sin cabalgadura
en defensa de la tierra santa de Jerusalem.
¡Has malgastado tanta vida!
Pero has de reconocer resignadamente,
sin preguntarte nada,
aun si el aliento te faltase,
que con la espada te ha faltado ese empeño mayor
que se ha de tener para luchar como los demás en estas vidas comunes,
y unas manos fuertes y ásperas para empuñarla sin temblar.
Has de entender que no se pueden ganar batallas ni guerras
entreteniendo al espíritu con la suave danza de la hojarasca,
o con la llegada y el canto de la golondrina de Becquer
o indagando con un cuestionado éxito en el porqué de la luz
y su místico misterio en los ojos y en la mirada de las gentes normales
con esa sabiduría hospedada en el vivir:
los niños con su sudor germinado en cualquier plazoleta,
los jóvenes con sus inquietudes de cuerpos sin ropas,
los ancianos pensando en sus cosas de ancianos.
Mas si enjuiciada esta forma de vivir
la muerte has de tener;
que sea, sencillamente, aniquilando de tu carne,
de tu sangre y de tus huesos;
los versos de Neruda, de Aleixandre, de Alfonsina,
y tantos otros que fueron culpables
de tan alto agravio a esas vidas comunes.
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