Syd Carlyle
Poeta recién llegado
Viví mis segundos.
Los viví tan plenamente, que,
absorto en el placer del presente,
aniquilé, sin saberlo, mi presente futuro.
¡Ah, Libertad, vieja canción del Diablo!
Madre de todos los vicios impuros,
Encandiladora de las voluptuosidades,
Amante de las pasiones que son prohibidas,
¡Libertad! ¡Me hiciste demasiadamente libre!
Yo; nosotros, juntos siempre de la mano,
volábamos por los cielos, más allá de los edificios,
de las responsabilidades, de las preocupaciones,
de todo lo cotidianamente trivial. Volábamos tanto,
que a veces olvidábamos que había que dejar de volar.
(Y lo de abajo fue olvidándose de nosotros de a poco)
¡Ah Libertad! ¡De que sirves si es para escoger el mal!
¡Cruel castigo el conocer paraíso, y después realidad!
Los viví tan plenamente, que,
absorto en el placer del presente,
aniquilé, sin saberlo, mi presente futuro.
¡Ah, Libertad, vieja canción del Diablo!
Madre de todos los vicios impuros,
Encandiladora de las voluptuosidades,
Amante de las pasiones que son prohibidas,
¡Libertad! ¡Me hiciste demasiadamente libre!
Yo; nosotros, juntos siempre de la mano,
volábamos por los cielos, más allá de los edificios,
de las responsabilidades, de las preocupaciones,
de todo lo cotidianamente trivial. Volábamos tanto,
que a veces olvidábamos que había que dejar de volar.
(Y lo de abajo fue olvidándose de nosotros de a poco)
¡Ah Libertad! ¡De que sirves si es para escoger el mal!
¡Cruel castigo el conocer paraíso, y después realidad!