Nicolás Bascialla
Poeta recién llegado
Vio las estrellas
como si fuera la primera vez,
cada una más vasta
que toda la Tierra,
y de cualquier medida posible,
más lejos incluso
de lo que su imaginación alcanzaba.
Y hasta esa noche
había creído
que podía poseerlas con los ojos,
abarcarlas en un gesto,
retenerlas en la mirada.
Pero algo cedió:
no en el cielo,
sino en él.
Su mirada falló,
su imaginación no supo qué hacer con tanta distancia,
y sin embargo,
en ese mismo fracaso,
descubrió otra cosa:
que había en él
algo que no se rendía ante lo infinito,
algo que no necesitaba abarcar
para reconocer.
Y entendió, por primera vez,
no solo su pequeñez,
sino también
la extraña grandeza
de poder saberlo.
como si fuera la primera vez,
cada una más vasta
que toda la Tierra,
y de cualquier medida posible,
más lejos incluso
de lo que su imaginación alcanzaba.
Y hasta esa noche
había creído
que podía poseerlas con los ojos,
abarcarlas en un gesto,
retenerlas en la mirada.
Pero algo cedió:
no en el cielo,
sino en él.
Su mirada falló,
su imaginación no supo qué hacer con tanta distancia,
y sin embargo,
en ese mismo fracaso,
descubrió otra cosa:
que había en él
algo que no se rendía ante lo infinito,
algo que no necesitaba abarcar
para reconocer.
Y entendió, por primera vez,
no solo su pequeñez,
sino también
la extraña grandeza
de poder saberlo.