Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Se pende completo el cielo,
cuando la sutileza de tu melodía,
atrapa el firmamento,
entre sentimientos divinos,
con deseos terrenales...
Nota a nota,
la partitura profunda,
de un solo nacido en tu corazón,
como la vida en tu vientre,
cintura de pan,
ojos de ternura,
que simboliza la eternidad,
Curvas exquisitas,
que deleitan los sentidos,
atrapando el paraíso,
con sólo el roce de tus manos,
que las cuerdas suenan,
como el cantar celeste,
sin adorar a un Dios,
sino solamente existe,
en tu exquisita presencia...
Que se abran las venas,
para desangrarse a tus pies,
mientras el hechizo celeste,
del compás de tu sonata,
entibie el corazón,
y despierten los deseos...
Violín hermoso,
mujer sublime,
llévame de este mundo,
al altar de tu gracia,
con el cielo de testigo,
que no adoro a un ser déspota,
sino a la razón que da vida...
Elemento quinto,
que desciende del cosmos,
con concierto envolvente,
en melodías ensortijadas,
de relieves misteriosos,
como las lágrimas que derramas,
Luz divina de tu mirar,
que transforma las penurias,
en sonrisas completas,
de armonía sincera...
Toca mujer... toca...
que la tierra se estremezca,
que el océano calle,
que el fuego crezca,
y el viento susurre...
Que tu aquí,
renace el mundo,
con violín en mano,
que da el todo...
Toca mujer... toca,
que lloro con delicadeza,
y abrazo tu cintura,
con la esperanza de jamás,
romper tu melodía...
Adagio....
Gran Fínale...
para obra sublime,
que es... tu hermoso existir...
L.V.
cuando la sutileza de tu melodía,
atrapa el firmamento,
entre sentimientos divinos,
con deseos terrenales...
Nota a nota,
la partitura profunda,
de un solo nacido en tu corazón,
como la vida en tu vientre,
cintura de pan,
ojos de ternura,
que simboliza la eternidad,
Curvas exquisitas,
que deleitan los sentidos,
atrapando el paraíso,
con sólo el roce de tus manos,
que las cuerdas suenan,
como el cantar celeste,
sin adorar a un Dios,
sino solamente existe,
en tu exquisita presencia...
Que se abran las venas,
para desangrarse a tus pies,
mientras el hechizo celeste,
del compás de tu sonata,
entibie el corazón,
y despierten los deseos...
Violín hermoso,
mujer sublime,
llévame de este mundo,
al altar de tu gracia,
con el cielo de testigo,
que no adoro a un ser déspota,
sino a la razón que da vida...
Elemento quinto,
que desciende del cosmos,
con concierto envolvente,
en melodías ensortijadas,
de relieves misteriosos,
como las lágrimas que derramas,
Luz divina de tu mirar,
que transforma las penurias,
en sonrisas completas,
de armonía sincera...
Toca mujer... toca...
que la tierra se estremezca,
que el océano calle,
que el fuego crezca,
y el viento susurre...
Que tu aquí,
renace el mundo,
con violín en mano,
que da el todo...
Toca mujer... toca,
que lloro con delicadeza,
y abrazo tu cintura,
con la esperanza de jamás,
romper tu melodía...
Adagio....
Gran Fínale...
para obra sublime,
que es... tu hermoso existir...
L.V.
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