claudiorbatisti
claudiorbatisti
Vísceras Bermejas
Cuando duerme olvidada
dentro de su mortaja,
y la cruz del eterno en posición
vertical a su pecho,
ya la veo marcada
mejilla hundida por sus dientes flojos,
y en el vaciado cuenco de sus ojos
un apestoso enjambre de gusanos.
Para tí desatino de nosotros,
como fe que alimenta la novela
todo remordimiento es frío y vela,
rompiendo las palabras,
de tu arrepentimiento tan lejano.
Que terrible quedar en el sepulcro
(pese a Dios, y a la cruz),
a roer pobres huesos
y sentir por aquello.
para escrutar adentro de la noche,
para escapar del día
y aquel día vendré
para aullar como un lobo,
para enterrar la mano bajo tierra
desclavar la madera,
que guarda tu carroña
con tus horribles vísceras bermejas,
para satisfacer el arcano odio,
con los que se rehogan de alegría.
Hinco mi garra en tu andorga mutante
y en tu ser putrefacto me quedé
para enquistarme siempre,
en el espectro vergonzante helado,
por temor al infierno.
Y tu odio siempre fue desagradable,
susurrar implacable
cuando quemó la mente al hombre ardiente;
si me dices de cuanto me remuerde
si bebiste veneno, te respondo,
¿No te recuerda tu mechón hermoso?
No rememoras el cabello en jarra
los ojos negros en funesta flama
la audacia de tu busto y la cadera
no te acuerdas que fuiste bella y blanca
¿Pero por que no muestras tus dos senos?
gusto que ya te diste;
y lasciva espumosa en tu litera
a tu manera indigna la has pasado.
Pero no estoy borracho
si a los soldados extendiste brazos,
al que sedujo mil besos sin nombre
me mira y ríe en la cara.
¡Yo si te amaba y he tocado fondo!
claudiorbatisti
Cuando duerme olvidada
dentro de su mortaja,
y la cruz del eterno en posición
vertical a su pecho,
ya la veo marcada
mejilla hundida por sus dientes flojos,
y en el vaciado cuenco de sus ojos
un apestoso enjambre de gusanos.
Para tí desatino de nosotros,
como fe que alimenta la novela
todo remordimiento es frío y vela,
rompiendo las palabras,
de tu arrepentimiento tan lejano.
Que terrible quedar en el sepulcro
(pese a Dios, y a la cruz),
a roer pobres huesos
y sentir por aquello.
para escrutar adentro de la noche,
para escapar del día
y aquel día vendré
para aullar como un lobo,
para enterrar la mano bajo tierra
desclavar la madera,
que guarda tu carroña
con tus horribles vísceras bermejas,
para satisfacer el arcano odio,
con los que se rehogan de alegría.
Hinco mi garra en tu andorga mutante
y en tu ser putrefacto me quedé
para enquistarme siempre,
en el espectro vergonzante helado,
por temor al infierno.
Y tu odio siempre fue desagradable,
susurrar implacable
cuando quemó la mente al hombre ardiente;
si me dices de cuanto me remuerde
si bebiste veneno, te respondo,
¿No te recuerda tu mechón hermoso?
No rememoras el cabello en jarra
los ojos negros en funesta flama
la audacia de tu busto y la cadera
no te acuerdas que fuiste bella y blanca
¿Pero por que no muestras tus dos senos?
gusto que ya te diste;
y lasciva espumosa en tu litera
a tu manera indigna la has pasado.
Pero no estoy borracho
si a los soldados extendiste brazos,
al que sedujo mil besos sin nombre
me mira y ríe en la cara.
¡Yo si te amaba y he tocado fondo!
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