El hombre del porsaco
Poeta recién llegado
No quise decirte nada pero tu cara asustaba,
te ibas deteriorando conforme el día avanzaba.
Ya a la noche era imposible ocultar tu pudridez,
ese hedor agrio y pastoso y esas costras en la piel.
Tú decías que no era nada, tan sólo un simple catarro
pero el hedor aumentaba, te agrietabas como el barro.
Yo debí haberlo evitado y haber dicho la verdad,
dejé que te convirtieras en pura viscosidad.
Mas me acostumbré a tus ruidos, tu chof chof al caminar,
al descoyuntar de huesos y a las moscas oir volar.
Me hacías tanta compañía aunque bien dabas trabajo,
me pasaba el día entero recogiendo tus pingajos.
Y cuánto nos divertimos asustando al personal,
te colocabas delante y te abrías en canal.
Cómo chillaban los pobres corriendo despavoridos
mientras tú los perseguías lanzándoles alaridos.
Hasta que llegó ese día en que al fin te derretiste
dejando sólo una mancha y mi corazón muy triste.
Si aún parece que te escucho regurjitando comida
y quitándote a pellizcos gusanos de las heridas.
te ibas deteriorando conforme el día avanzaba.
Ya a la noche era imposible ocultar tu pudridez,
ese hedor agrio y pastoso y esas costras en la piel.
Tú decías que no era nada, tan sólo un simple catarro
pero el hedor aumentaba, te agrietabas como el barro.
Yo debí haberlo evitado y haber dicho la verdad,
dejé que te convirtieras en pura viscosidad.
Mas me acostumbré a tus ruidos, tu chof chof al caminar,
al descoyuntar de huesos y a las moscas oir volar.
Me hacías tanta compañía aunque bien dabas trabajo,
me pasaba el día entero recogiendo tus pingajos.
Y cuánto nos divertimos asustando al personal,
te colocabas delante y te abrías en canal.
Cómo chillaban los pobres corriendo despavoridos
mientras tú los perseguías lanzándoles alaridos.
Hasta que llegó ese día en que al fin te derretiste
dejando sólo una mancha y mi corazón muy triste.
Si aún parece que te escucho regurjitando comida
y quitándote a pellizcos gusanos de las heridas.