La Corporación
Poeta veterano
desde el evaristo corumelo
aquel loco dibujaba nalgas
en las hojas secas de la tarde
en el finisterre de su alcoba
el hueco de una entrada
en la puerta del sol
dejaba la poesía correr
para refrescar aquel verano
en la piel de una viuda sin nombre
se tardó meses
como un río en la morbosa cuesta
dibujó la última en la pepa
de luisilla, el tren de las doce
el último que pasó
ella
que se levantaba la falda
para mostrar su sexo pelado
a los transeúntes
y la policía lo detuvo
por violación
eran las diez y cuatro minutos
en el deseo del infeliz
y repetía
un macho arrima estopa sin miedo
al carretón de la llama
y se quema
y arde con la hembra
porque así lo dijo dios
dejadme las piernas de la virgen
el reloj de la desdicha
el dibujo de luisilla reventando la tarde
entre los cartones de la calle treinta y dos
no hizo nada malo
sólo era un animal
dejadme ser
dejadme ser
eran las trece y diez
creo
cuando lo mataron otros animales
pero la carcel ya olía a martes
san armilo b.
aquel loco dibujaba nalgas
en las hojas secas de la tarde
en el finisterre de su alcoba
el hueco de una entrada
en la puerta del sol
dejaba la poesía correr
para refrescar aquel verano
en la piel de una viuda sin nombre
se tardó meses
como un río en la morbosa cuesta
dibujó la última en la pepa
de luisilla, el tren de las doce
el último que pasó
ella
que se levantaba la falda
para mostrar su sexo pelado
a los transeúntes
y la policía lo detuvo
por violación
eran las diez y cuatro minutos
en el deseo del infeliz
y repetía
un macho arrima estopa sin miedo
al carretón de la llama
y se quema
y arde con la hembra
porque así lo dijo dios
dejadme las piernas de la virgen
el reloj de la desdicha
el dibujo de luisilla reventando la tarde
entre los cartones de la calle treinta y dos
no hizo nada malo
sólo era un animal
dejadme ser
dejadme ser
eran las trece y diez
creo
cuando lo mataron otros animales
pero la carcel ya olía a martes
san armilo b.
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