frank_calle
Poeta que considera el portal su segunda casa
Como parte de esta celebración personal que estoy haciendo, he ido publicando algunos de los poemas de mis inicios, que están cumpliendo ¡50 años!
Este es un poema típico de entonces, en el que la preocupación por la muerte, como ocurre a muchos poetas, se enfrenta de esta manera...
------- -------- -------
Estoy de luto por mi mismo.
En la mañana recorrí las calles del cementerio,
ese cementerio que conozco como la palma de mis sueños,
Como en antaños días, en busca de recuerdos perdidos,
imaginándome violín en mano,
inspirándome en el tranquilo silencio de los yacentes,
en medio de visitantes que se mueven en la búsqueda
de sus panteones,
con jarras de mariposas y gladiolos vivos,
para sus queridos seres que aquí habitan,
sin importarles la música silente
que sale de mi violín sin cuerdas,
viéndole las horas a las horas,
en medio de huesos que duermen,
y amantes destruidas,
penando culpas que ya no tienen vida.
Así siento y veo las calles del cementerio,
que camino viendo las lápidas de los que ya no existen,
y siempre, siempre,
termino pensando que algún día yo estaré tras alguna lápida,
eternamente,
tocando mi violín imaginario,
aquí o allá,
y por eso hoy he puesto flores en cualquier tumba,
en mi nombre,
como mensaje al futuro que algún día será cierto.
Por eso hoy estoy guardando luto
por mis restos.
Frank Calle (11/mayo/1969) ¡50 años!
Este es un poema típico de entonces, en el que la preocupación por la muerte, como ocurre a muchos poetas, se enfrenta de esta manera...
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Estoy de luto por mi mismo.
En la mañana recorrí las calles del cementerio,
ese cementerio que conozco como la palma de mis sueños,
Como en antaños días, en busca de recuerdos perdidos,
imaginándome violín en mano,
inspirándome en el tranquilo silencio de los yacentes,
en medio de visitantes que se mueven en la búsqueda
de sus panteones,
con jarras de mariposas y gladiolos vivos,
para sus queridos seres que aquí habitan,
sin importarles la música silente
que sale de mi violín sin cuerdas,
viéndole las horas a las horas,
en medio de huesos que duermen,
y amantes destruidas,
penando culpas que ya no tienen vida.
Así siento y veo las calles del cementerio,
que camino viendo las lápidas de los que ya no existen,
y siempre, siempre,
termino pensando que algún día yo estaré tras alguna lápida,
eternamente,
tocando mi violín imaginario,
aquí o allá,
y por eso hoy he puesto flores en cualquier tumba,
en mi nombre,
como mensaje al futuro que algún día será cierto.
Por eso hoy estoy guardando luto
por mis restos.
Frank Calle (11/mayo/1969) ¡50 años!
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