Vital
Poeta veterano en el portal
Palidecia la rosa,
al sentirse mancillada.
Tendí mi mano,
al verla
tan desparramada.
La cogí como a hielo,
con miedo
a que resbalara.
Ella suspendió su alma
en suma amilanada,
asiéndose a la mia.
¡Temblorosa amiga,
bebe de mi corazón,
calma tu sed de vida!
Y la rosa sonrojó
en vital beso agradecida.
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