Ana María Giordano
Poeta que no puede vivir sin el portal
Vivencias que son vida...
Relato familiar

Eso son mis dos amores. Vida.
Risas que retumban en la casa, carcajadas inocentes con los juegos; el llamado de Juanito: “Abuela vení jugar conmigo”, el llanto de Pedro pidiendo su teta.
¡Qué maravilla es verlos, disfrutarlos, acompañarlos en su crecimiento, físico y mental!
_ Juan, tené cuidado con tu hermanito. Él es muy chiquito, vos sos ya más grande, si lo apretás mucho le podés hacer daño sin darte cuenta mi amor…Hoy recién cumple un mes. (Contamos los días en el almanaque.)
_ ¿Es de vidrio abuela y se rompe?
_ ¡Más o menos es así Juanito!
_ ¡Yo soy “rande” abuela! Ahora puedo tocar los enchufes, porque mi papá me dijo que cuando fuera “rande” podía tocar la luz…
_ ¡No mi amor! Para eso falta mucho, por lo menos tenés que ser alto como la abuela, vení, ponete a mi lado ¿Somos altos iguales?
Lo hace y dice:
_ No, pero…
Y se me queda mirando con sus ojazos y sin palabras…
Hasta que me hace una morisqueta con su carita y estalla en carcajadas, a la que me uno y lo abrazo, caemos en la alfombra, le hago cosquillas, me sube a caballo.
Despertamos a Pedro, llora, viene su mamá y lo prende a su teta, y sigue la algarabía de este regalo que me ha dado la vida.
Ana María Di Bert Giordano
Safe creative/Derechos reservados
18/1/2013
Relato familiar

Eso son mis dos amores. Vida.
Risas que retumban en la casa, carcajadas inocentes con los juegos; el llamado de Juanito: “Abuela vení jugar conmigo”, el llanto de Pedro pidiendo su teta.
¡Qué maravilla es verlos, disfrutarlos, acompañarlos en su crecimiento, físico y mental!
_ Juan, tené cuidado con tu hermanito. Él es muy chiquito, vos sos ya más grande, si lo apretás mucho le podés hacer daño sin darte cuenta mi amor…Hoy recién cumple un mes. (Contamos los días en el almanaque.)
_ ¿Es de vidrio abuela y se rompe?
_ ¡Más o menos es así Juanito!
_ ¡Yo soy “rande” abuela! Ahora puedo tocar los enchufes, porque mi papá me dijo que cuando fuera “rande” podía tocar la luz…
_ ¡No mi amor! Para eso falta mucho, por lo menos tenés que ser alto como la abuela, vení, ponete a mi lado ¿Somos altos iguales?
Lo hace y dice:
_ No, pero…
Y se me queda mirando con sus ojazos y sin palabras…
Hasta que me hace una morisqueta con su carita y estalla en carcajadas, a la que me uno y lo abrazo, caemos en la alfombra, le hago cosquillas, me sube a caballo.
Despertamos a Pedro, llora, viene su mamá y lo prende a su teta, y sigue la algarabía de este regalo que me ha dado la vida.
Ana María Di Bert Giordano
Safe creative/Derechos reservados
18/1/2013
