Cuando esquivas mi cuerpo en tu presencia
porque no encuentra en él refugio el tuyo
suelo disimular pero ya intuyo
la inevitable sombra de tu ausencia.
Sometido a la nítida evidencia
me rendiré a tu adiós pues ya no incluyo
en mi esperanza el soplo de un arrullo
que le diera sentido a mi insistencia.
Pero -ya ves que no te oculto nada-
me acostumbré a tu piel la vez aquella
que hiciste entre tus brazos mi morada.
Mas si un día, perdida en una estrella,
abrazas su universo, enamorada,
recuerda que una vez yo estuve en ella.
Esto decía yo, empedernido poeta enamorado del amor, en un soneto antiguo, querido amigo. Las estrellas se nos antojan como sutiles matáforas de un amor inalcanzable. Solo te diré que si tienes en tu radio de acción a la más preciada no la dejes escapar. Te puede ir la felicidad en ello. Y eso siempre ha sido cosa delicada.
Un fuerte abrazo, poeta.
Gracias por tan emotivo comentario, Vicente. Gracias a los Dioses, los radios de acción, en nuestros días, se han ampliado y no hay fronteras que cierren los caminos.
Tu soneto es uno de los más grandes sonetos que jamás he leído. Amén de su perfecto y estético continente, es de una grandeza tal, de tal belleza lírica, que emociona al lector y enriquece su espíritu. Te brindo mis plausos y mi admiración por tan elevada y eufónica composición lírica.
Me he permitido componer una silva en respuesta a tu soneto. Serían dos liras, mas en la primera he roto la secuencia métrica, de modo que la llamaré "silva" y no ""dos liras"", jaja.
Un fuerte abrazo, querido amigo y admirado y elevado poeta.
Si intuyes, ya, su ausencia,
si rindes tu esperanza al suave arrullo,
si muere tu presencia
en ese corazón fugaz, el suyo,
diluida en la corriente de un murmullo,
no la dejes de amar,
recuerda su morada y su Universo,
elévala al altar
del pulso de tu verso,
donde tu amor por ella brille inmerso.
José Galeote Matas (España)