Así que me alejo de la jaula
hacia la cálida umbría libre
de frutos maduros y cercanos
con gusto a olvidanza.
Ya no pueden sujetarme las riendas
de animal impasible
ni las normas de la casa,
ya no soy ese recuerdo núbil
perdido en la bráctea.
No te alarmes,
nada ata los peligros,
nada contiene la desmesura.
Sólo voy a dar de beber a los gatos
con el agua de un grifo diferente,
allí te esperaré
con las estaciones
y los giros inversos
y con mis demonios
dispuestos a salvarte .
Quizá me congele un poco cuando te llame
desde una cabina expatriada.
Pero que quieres que te diga,
es sano morir de miedo de vez en cuando,
eso es que se está vivo de deseo
o al menos eso creo.
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