Voluntad del no

tyngui

Poeta que considera el portal su segunda casa
Sin pensarlo, se exactamente donde estoy, aquí y ahora, y lo sabré en todo momento, aunque esté perdido, o simplemente me haya ido.

Hasta donde sé, no podría imaginar exactamente que cosa soy, tal vez sea un objeto abstracto, un sentimiento simulado, un poco de inspiración.

Por las noches disiento enigmático.

Tal vez sea un conjunto de consideraciones acéfalas, esperando un punto que tomar.

De pronto la magia sensacional de un estupor, genera direccionalmente cientos de vicisitudes corrientes, que necesitan de una sabiduría mínimamente convencional para seguir.

Me hundo en pequeños cuadrados deliberando existencialidades.

Siento una desintegración obsoleta, y una tele transportación que grita…

¡Yo quiero!!

Mi cara de volente, navega hacia la inseguridad, con el afán de disociar las dudas que se representan, ante un acontecimiento primario.

Tan solo una fracción de espacialidad hacia el infinito y, un torrente de representaciones gráficas, estilan y esbozan su mirada que oficia de sintonía.

Un trozo de artificio, sito en mi abstracción, me localiza en situación, coordina los avatares de mil movimientos sincronizados y satura una serie de pensamientos e inmoviliza otros.

La procrastinación se hace presente, secuenciando consideraciones e indecisiones a la hora de una especulación. Retrasa la decisión y deja al libre albedrío, dando rienda a una aparente inoperancia…que dicho sea de paso, es solo un tiempo automatizado, predestinado, que mi conciencia se toma para manifestar una medida práctica y certera.



En tanto todo sigue una rutina mecanizada en la continuidad de los eventos.


Las luces curvas en las calles magnifican la serenidad de la bruma y la agreste nube de misteriosas corrientes esotéricas, quedan atrás.

Tras ocultarse entre las sombras, sus rostros volverán a azotar todo lo que se mueva o, que simplemente posea vida.

Habrá llegado la hora de los duendes góticos, inspiradores de un odio simplista y embajadores del dolor.

Cuando todo oscurezca, nos quedaremos sin mitos y leyendas, nada volverá a ser la realidad que supimos sufrir.

Estaremos parados sobre la voluntad del no.
 
Sin pensarlo, se exactamente donde estoy, aquí y ahora, y lo sabré en todo momento, aunque esté perdido, o simplemente me haya ido.

Hasta donde sé, no podría imaginar exactamente que cosa soy, tal vez sea un objeto abstracto, un sentimiento simulado, un poco de inspiración.

Por las noches disiento enigmático.

Tal vez sea un conjunto de consideraciones acéfalas, esperando un punto que tomar.

De pronto la magia sensacional de un estupor, genera direccionalmente cientos de vicisitudes corrientes, que necesitan de una sabiduría mínimamente convencional para seguir.

Me hundo en pequeños cuadrados deliberando existencialidades.

Siento una desintegración obsoleta, y una tele transportación que grita…

¡Yo quiero!!

Mi cara de volente, navega hacia la inseguridad, con el afán de disociar las dudas que se representan, ante un acontecimiento primario.

Tan solo una fracción de espacialidad hacia el infinito y, un torrente de representaciones gráficas, estilan y esbozan su mirada que oficia de sintonía.

Un trozo de artificio, sito en mi abstracción, me localiza en situación, coordina los avatares de mil movimientos sincronizados y satura una serie de pensamientos e inmoviliza otros.

La procrastinación se hace presente, secuenciando consideraciones e indecisiones a la hora de una especulación. Retrasa la decisión y deja al libre albedrío, dando rienda a una aparente inoperancia…que dicho sea de paso, es solo un tiempo automatizado, predestinado, que mi conciencia se toma para manifestar una medida práctica y certera.



En tanto todo sigue una rutina mecanizada en la continuidad de los eventos.


Las luces curvas en las calles magnifican la serenidad de la bruma y la agreste nube de misteriosas corrientes esotéricas, quedan atrás.

Tras ocultarse entre las sombras, sus rostros volverán a azotar todo lo que se mueva o, que simplemente posea vida.

Habrá llegado la hora de los duendes góticos, inspiradores de un odio simplista y embajadores del dolor.

Cuando todo oscurezca, nos quedaremos sin mitos y leyendas, nada volverá a ser la realidad que supimos sufrir.

Estaremos parados sobre la voluntad del no.


Búsqueda inagotable y agotadora, secuencias sempiternas. Quizás sea la voluntad del no lo que lleva a ese infinito...

Un abrazo incansable Tyngui
 

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