Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
vomitando (¡fuego!) sobre el misterio de la existencia.
el idioma escindió en el vientre al desterrado
a pesar de su lazo con el sol,
con los arbustos, con los elementos y con su ser,
y es que existe algo inmanente
en cada concepción
que te otorga el pan y el hambre, la rosa y la simple flor.
mueve tu punto de encaje , lo debo mover
mas la valía ya me es conocida
y de vuelta, para que el Mundo caiga
sobre si mismo,
(¡atropéllame ligado a un círculo con tu carro
de numen, oh tú, oh sol, danzante sol!)
debo relajarme, conocerme, y resplandecer.
y algunos koalas del monte Hino
posiblemente me dirán
desde sus ventanas de bambú
que es preciso el sacrificio,
que la luz que se mueve en la tierra no es invisible
mas si de la misma su visión.
y así, vida, niña viña, nunca sobre el cuerpo
de las uvas verás el lazo
de las eras en su eterno y cíclico recorrer. ( )
-¡oh, yo conocía del rostro eterno el mirar mas
la vida tal un niño me atravesó,
y al levar el áncora, la eternidad huía, sigilosa,
rumbo al comedor, y yo,
aún desnudo en el camastro
buscaba del abrazo lisonjero un eco
que debía deshacerse, para nunca volverlo a encontrar...
y es que hay días que la sensibilidad me descerraja
y la silueta alta de un hombre
en una habitación en llamas
crea de todas las esferas un jardín de tiesas flores.
pero yo ya no voy a pensar en esperar
ni en darle nombre a este espectro,
para algún destino tengo que navegar ,
para que cuando las estaciones de sesga
arremetan, blandas como centeno,
contra el pórtico de las ledas flores,
hincar una cerilla en mi boca y, tal un salamandra,
vomitar sobre el rostro oscuro todo el camino que, silencioso, ningún mortal conocerá.
el idioma escindió en el vientre al desterrado
a pesar de su lazo con el sol,
con los arbustos, con los elementos y con su ser,
y es que existe algo inmanente
en cada concepción
que te otorga el pan y el hambre, la rosa y la simple flor.
mueve tu punto de encaje , lo debo mover
mas la valía ya me es conocida
y de vuelta, para que el Mundo caiga
sobre si mismo,
(¡atropéllame ligado a un círculo con tu carro
de numen, oh tú, oh sol, danzante sol!)
debo relajarme, conocerme, y resplandecer.
y algunos koalas del monte Hino
posiblemente me dirán
desde sus ventanas de bambú
que es preciso el sacrificio,
que la luz que se mueve en la tierra no es invisible
mas si de la misma su visión.
y así, vida, niña viña, nunca sobre el cuerpo
de las uvas verás el lazo
de las eras en su eterno y cíclico recorrer. ( )
-¡oh, yo conocía del rostro eterno el mirar mas
la vida tal un niño me atravesó,
y al levar el áncora, la eternidad huía, sigilosa,
rumbo al comedor, y yo,
aún desnudo en el camastro
buscaba del abrazo lisonjero un eco
que debía deshacerse, para nunca volverlo a encontrar...
y es que hay días que la sensibilidad me descerraja
y la silueta alta de un hombre
en una habitación en llamas
crea de todas las esferas un jardín de tiesas flores.
pero yo ya no voy a pensar en esperar
ni en darle nombre a este espectro,
para algún destino tengo que navegar ,
para que cuando las estaciones de sesga
arremetan, blandas como centeno,
contra el pórtico de las ledas flores,
hincar una cerilla en mi boca y, tal un salamandra,
vomitar sobre el rostro oscuro todo el camino que, silencioso, ningún mortal conocerá.
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