Voy en un tren

penabad57

Poeta veterano en el portal
En el entrante de la ría el faro enjalbegado de cal

con un coro de gaviotas a su alrededor

ilumina la primera hora del anochecer.



Un hombre solitario sentado en el noray del espigón

cose la red que le dará alimento y vida.



No hay nadie más, tan solo el crepúsculo que llega.



Voy en un tren y lo que está frente a mí es, en realidad,

una fotografía que decora la pared del vagón.



Y, sin embargo, parece que estuviera allí,

que yo fuera ese hombre que con paciencia maternal

remienda los hexágonos de una nasa antigua de pescador.



Solo que yo estoy aquí, sin faro, sin red,

ni más horizonte que la llanura infinita

y un sol, sin mar, que se acuesta entre trigales,

allá, a lo lejos.
 
Última edición:
En el entrante de la ría el faro enjalbegado de cal
con un coro de gaviotas a su alrededor
ilumina la primera hora del anochecer.
Conozco el sitio y al leerte, rápidamente me ha venido a la mente la ría. Geniales letras. Un abrazo con la pluma del alma. Buen inicio de semana
 
En el entrante de la ría el faro enjalbegado de cal

con un coro de gaviotas a su alrededor

ilumina la primera hora del anochecer.



Un hombre solitario sentado en el noray del espigón

cose la red que le dará alimento y vida.



No hay nadie más, tan solo el crepúsculo que llega.



Voy en un tren y lo que está frente a mí es, en realidad,

una fotografía que decora la pared del vagón.



Y, sin embargo, parece que estuviera allí,

que yo fuera ese hombre que con paciencia maternal

remienda los hexágonos de una nasa antigua de pescador.



Solo que yo estoy aquí, sin faro, sin red,

ni más horizonte que la llanura infinita

y un sol, sin mar, que se acuesta entre trigales,

allá, a lo lejos.
Un tren que recorre a través del tiempo.

Saludos
 
En el entrante de la ría el faro enjalbegado de cal

con un coro de gaviotas a su alrededor

ilumina la primera hora del anochecer.



Un hombre solitario sentado en el noray del espigón

cose la red que le dará alimento y vida.



No hay nadie más, tan solo el crepúsculo que llega.



Voy en un tren y lo que está frente a mí es, en realidad,

una fotografía que decora la pared del vagón.



Y, sin embargo, parece que estuviera allí,

que yo fuera ese hombre que con paciencia maternal

remienda los hexágonos de una nasa antigua de pescador.



Solo que yo estoy aquí, sin faro, sin red,

ni más horizonte que la llanura infinita

y un sol, sin mar, que se acuesta entre trigales,

allá, a lo lejos.
Hermoso poema con imágenes esplendorosas. Un gusto leerte.
 

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