BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay una terrible vida líquida que se imprime contorsionándose en los límites previstos del cuerpo. Esa vida voraz, asciende de ciclos de pasión acumulada, e investiga los radios concéntricos tras una voz dubitativa e insana. Terrestres voces disecadas que albergan en su interior, lascivias pretéritas y un vago olor a humo de incensario, convenido y penetrante. Una mano que altera la voluptuosidad de las cortinas y agrede el espacio que forman dos cabelleras dilatadas. Un sol de hipocampos que vulnera las fragancias y arremete, con arterias y venas, cavernas y desgloses. Un llanto de terciopelo que arriesga la pericia de las uñas, y duda, como un sortilegio de nubes aparentes.
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