Vuelve la noche limpia y clara,
con su perfume de ilusión,
y el tiempo, que jamás repara,
hoy se detiene en el corazón.
Las luces tiemblan en la calle,
la luna canta en el cristal,
y hasta la sombra pierde el valle
donde solía habitar el mal.
La nieve sueña sobre el mundo,
como caricia de piedad,
y late un gozo tan profundo
que nos devuelve la verdad.
Los niños ríen inocentes,
sin comprender por qué es así,
pero sus ojos transparentes
encienden algo dentro de mí.
Y aunque la vida a veces duela
y el alma arrastre algún dolor,
Navidad llega, y nos consuela
con su milagro y su calor.
Por eso vuelve cada año,
como señal de eternidad,
a recordarnos que el engaño
se vence siempre con bondad.
Y al terminar la noche mansa,
cuando se apague su canción,
queda encendida la esperanza
como una lámpara en el corazón.
con su perfume de ilusión,
y el tiempo, que jamás repara,
hoy se detiene en el corazón.
Las luces tiemblan en la calle,
la luna canta en el cristal,
y hasta la sombra pierde el valle
donde solía habitar el mal.
La nieve sueña sobre el mundo,
como caricia de piedad,
y late un gozo tan profundo
que nos devuelve la verdad.
Los niños ríen inocentes,
sin comprender por qué es así,
pero sus ojos transparentes
encienden algo dentro de mí.
Y aunque la vida a veces duela
y el alma arrastre algún dolor,
Navidad llega, y nos consuela
con su milagro y su calor.
Por eso vuelve cada año,
como señal de eternidad,
a recordarnos que el engaño
se vence siempre con bondad.
Y al terminar la noche mansa,
cuando se apague su canción,
queda encendida la esperanza
como una lámpara en el corazón.