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Windfren y la habitación mágica ( fantasía juvenil)

emuletero

Poeta veterano en el portal
Windfren era un muchacho huérfano y feliz,
jamás había cometido ningun desliz,
un mago de la época lo tomó por tutela,
como aprendiz y recadero si quería la panza llena.

El mago y alquimista guardaba sus objetos bajo llave,
nadie podría entrar bajo pena de hechizo,
ni el muchacho siquiera, más muy prohibido
lo tuviera, ¡peligro!, de entrar en el cobertizo.

Pero la curiosodad infantil llega a ser un poco víl,
y más le valiera haberse quedado de puertas afuera,
no habiendo traspasado el límite que el mago le mostrara,
quedando estupefacto con los artilugios que encontrara.

Cuencos, pucheros hirviendo, escobas bailando,
un sinfín de objetos hechizados por el alquimista,
con movimientos desafiantes de la gravedad,
que el muchacho de miedo se tapaba la vista.

No podía creer tan maravillosa experiencia,
libros a centenares llenos de polvo en los estantes,
plumas y tinteros de colores nunca vistos,
oliendo a incienso cualquier rincón de la estancia.

Destacando por su grosor y peso, un enorme libro,
muy viejo y descolorido con letras negras impresas,
conjuros, hechizos, plegarias, dilemas y plebendas,
todo para encantamientos y demás sortilegios.

Alucinaba, ¡o el demonio le asustaba con sus maleficios!,
al paso le salió el mago frunciendo el ceño con enfado,
era peligroso tocar o conjurar, el daño sería de cuidado
mientras salían y cerraba la habitación con candado.

Bajando las escaleras, suvizando la mirada,
escapándose por los gruesos labios una sonrisa,
tierna y amable de un anciano venerable,
el mago prometióle enseñarle sus secretos,
guardados durante milenios por sus ancestros.

Pasaba el tiempo con la suavidad de una brisa,
el aprendiz se convirtió en sabio alquimista,
y por muchos años no se supo de él, ni tuvo visita,
acabando esta historia por perderse en el tiempo.

Mientras, nuestro pequeño alquimista experimentaba
con las leyes secretas del universo inmaterial,
mano a mano con las fuerzas del poder mental
llegando a ser el mago más sabio y poderoso
no teniendo a su altura nadie como rival.
 
Una buena historia que nos sirves en versos bien cuidados...:::banana:::

Delfin1.gif
 
Windfren era un muchacho huérfano y feliz,
jamás había cometido ningun deslíz,
un mago de la época lo tomo por tutela,
como aprendiz y recadero si quería la panza llena.

El mago y alquimista guardaba sus objetos bajo llave,
nadie podría entrar bajo pena de hechizo,
ni el muchacho siquiera, más muy prohibido
lo tuviera ¡peligro! de entrar en el cobertizo.

Pero la curiosodad infantil llega a ser un poco víl,
y más le valiera haberse quedado de puertas afuera,
no habiendo traspasado el límite que el mago le mostrara,
quedando estupefacto con los artilugios que encontrara.

Cuencos,pucheros hirviendo, escobas bailando,
un sinfín de objetos hechizados por el alquimista,
con movimientos desafiantes de la gravedad,
que el muchacho de miedo se tapaba la vista.

No podía creer tan maravillosa experiencia,
libros a centenares llenos de polvo en los estantes,
plumas y tinteros de colores nunca vistos,
oliendo a incienso cualquier rincón de la estancia.

Destacando por su grosor y peso, un enorme libro,
muy viejo y descolorido con letras negras impresas,
conjuros, hechizos, plegarias, dilemas y plebendas,
todo para encantamientos y demás sortilegios.

Alucinaba, o el demonio le asustaba con sus maleficios!
al paso le salió el mago frunciendo el ceño con enfado,
era peligroso tocar o conjurar, el daño sería de cuidado
mientras salían y cerraba la habitación con candado.

Bajando las escaleras, suvizando la mirada,
escapándose por los gruesos labios una sonrisa,
tierna y amable de un anciano venerable,
el mago prometiole enseñarle sus secretos,
guardados durante milenios por sus ancestros.

Pasaba el tiempo con la suavidad de una brisa,
el aprendiz se convirtió en sabio alquimista,
y por muchos años no se supo de el, ni tuvo visita,
acabando esta historia por perderse en el tiempo.

Mientras, nuestro pequeño alquimista experimentaba
con las leyes secretas del universo inmaterial,
mano a mano con las fuerzas del poder mental.
llegando a ser el mago más sabio y poderoso
no teniendo a su altura nadie como rival.



Bonita fantasía das a este poema.

Un beso y estrellas.
 
Windfren era un muchacho huérfano y feliz,
jamás había cometido ningun deslíz,
un mago de la época lo tomo por tutela,
como aprendiz y recadero si quería la panza llena.

El mago y alquimista guardaba sus objetos bajo llave,
nadie podría entrar bajo pena de hechizo,
ni el muchacho siquiera, más muy prohibido
lo tuviera ¡peligro! de entrar en el cobertizo.

Pero la curiosodad infantil llega a ser un poco víl,
y más le valiera haberse quedado de puertas afuera,
no habiendo traspasado el límite que el mago le mostrara,
quedando estupefacto con los artilugios que encontrara.

Cuencos,pucheros hirviendo, escobas bailando,
un sinfín de objetos hechizados por el alquimista,
con movimientos desafiantes de la gravedad,
que el muchacho de miedo se tapaba la vista.

No podía creer tan maravillosa experiencia,
libros a centenares llenos de polvo en los estantes,
plumas y tinteros de colores nunca vistos,
oliendo a incienso cualquier rincón de la estancia.

Destacando por su grosor y peso, un enorme libro,
muy viejo y descolorido con letras negras impresas,
conjuros, hechizos, plegarias, dilemas y plebendas,
todo para encantamientos y demás sortilegios.

Alucinaba, o el demonio le asustaba con sus maleficios!
al paso le salió el mago frunciendo el ceño con enfado,
era peligroso tocar o conjurar, el daño sería de cuidado
mientras salían y cerraba la habitación con candado.

Bajando las escaleras, suvizando la mirada,
escapándose por los gruesos labios una sonrisa,
tierna y amable de un anciano venerable,
el mago prometiole enseñarle sus secretos,
guardados durante milenios por sus ancestros.

Pasaba el tiempo con la suavidad de una brisa,
el aprendiz se convirtió en sabio alquimista,
y por muchos años no se supo de el, ni tuvo visita,
acabando esta historia por perderse en el tiempo.

Mientras, nuestro pequeño alquimista experimentaba
con las leyes secretas del universo inmaterial,
mano a mano con las fuerzas del poder mental.
llegando a ser el mago más sabio y poderoso
no teniendo a su altura nadie como rival.

Muy bella historia inmersa en los armoniosos versos.
Me permito corregir algunos acentos, que brille mucho más tu poema.
Abrazos, y besos para ti,:::hug:::
 
Windfren era un muchacho huérfano y feliz,
jamás había cometido ningun desliz,
un mago de la época lo tomó por tutela,
como aprendiz y recadero si quería la panza llena.

El mago y alquimista guardaba sus objetos bajo llave,
nadie podría entrar bajo pena de hechizo,
ni el muchacho siquiera, más muy prohibido
lo tuviera, ¡peligro!, de entrar en el cobertizo.

Pero la curiosodad infantil llega a ser un poco víl,
y más le valiera haberse quedado de puertas afuera,
no habiendo traspasado el límite que el mago le mostrara,
quedando estupefacto con los artilugios que encontrara.

Cuencos, pucheros hirviendo, escobas bailando,
un sinfín de objetos hechizados por el alquimista,
con movimientos desafiantes de la gravedad,
que el muchacho de miedo se tapaba la vista.

No podía creer tan maravillosa experiencia,
libros a centenares llenos de polvo en los estantes,
plumas y tinteros de colores nunca vistos,
oliendo a incienso cualquier rincón de la estancia.

Destacando por su grosor y peso, un enorme libro,
muy viejo y descolorido con letras negras impresas,
conjuros, hechizos, plegarias, dilemas y plebendas,
todo para encantamientos y demás sortilegios.

Alucinaba, ¡o el demonio le asustaba con sus maleficios!,
al paso le salió el mago frunciendo el ceño con enfado,
era peligroso tocar o conjurar, el daño sería de cuidado
mientras salían y cerraba la habitación con candado.

Bajando las escaleras, suvizando la mirada,
escapándose por los gruesos labios una sonrisa,
tierna y amable de un anciano venerable,
el mago prometióle enseñarle sus secretos,
guardados durante milenios por sus ancestros.

Pasaba el tiempo con la suavidad de una brisa,
el aprendiz se convirtió en sabio alquimista,
y por muchos años no se supo de él, ni tuvo visita,
acabando esta historia por perderse en el tiempo.

Mientras, nuestro pequeño alquimista experimentaba
con las leyes secretas del universo inmaterial,
mano a mano con las fuerzas del poder mental
llegando a ser el mago más sabio y poderoso
no teniendo a su altura nadie como rival.

Muy bueno
Una historia muy bonita en forma de cuento con un final feliz.
Y además en verso.,................Cojonudo
Te ha quedado muy bien
Un abrazo
Joan
 
Windfren era un muchacho huérfano y feliz,
jamás había cometido ningun desliz,
un mago de la época lo tomó por tutela,
como aprendiz y recadero si quería la panza llena.

El mago y alquimista guardaba sus objetos bajo llave,
nadie podría entrar bajo pena de hechizo,
ni el muchacho siquiera, más muy prohibido
lo tuviera, ¡peligro!, de entrar en el cobertizo.

Pero la curiosodad infantil llega a ser un poco víl,
y más le valiera haberse quedado de puertas afuera,
no habiendo traspasado el límite que el mago le mostrara,
quedando estupefacto con los artilugios que encontrara.

Cuencos, pucheros hirviendo, escobas bailando,
un sinfín de objetos hechizados por el alquimista,
con movimientos desafiantes de la gravedad,
que el muchacho de miedo se tapaba la vista.

No podía creer tan maravillosa experiencia,
libros a centenares llenos de polvo en los estantes,
plumas y tinteros de colores nunca vistos,
oliendo a incienso cualquier rincón de la estancia.

Destacando por su grosor y peso, un enorme libro,
muy viejo y descolorido con letras negras impresas,
conjuros, hechizos, plegarias, dilemas y plebendas,
todo para encantamientos y demás sortilegios.

Alucinaba, ¡o el demonio le asustaba con sus maleficios!,
al paso le salió el mago frunciendo el ceño con enfado,
era peligroso tocar o conjurar, el daño sería de cuidado
mientras salían y cerraba la habitación con candado.

Bajando las escaleras, suvizando la mirada,
escapándose por los gruesos labios una sonrisa,
tierna y amable de un anciano venerable,
el mago prometióle enseñarle sus secretos,
guardados durante milenios por sus ancestros.

Pasaba el tiempo con la suavidad de una brisa,
el aprendiz se convirtió en sabio alquimista,
y por muchos años no se supo de él, ni tuvo visita,
acabando esta historia por perderse en el tiempo.

Mientras, nuestro pequeño alquimista experimentaba
con las leyes secretas del universo inmaterial,
mano a mano con las fuerzas del poder mental
llegando a ser el mago más sabio y poderoso
no teniendo a su altura nadie como rival.


WOW....que bonito Sergio, me has llevado a un mundo de magia maravillosa,
donde la fantasía se entremezcla con la realidad...un gusto lleerte he
disfrutado mucho gracias....:::hug::::::hug::::::hug:::Luz
 
Windfren era un muchacho huérfano y feliz,
jamás había cometido ningun desliz,
un mago de la época lo tomó por tutela,
como aprendiz y recadero si quería la panza llena.

El mago y alquimista guardaba sus objetos bajo llave,
nadie podría entrar bajo pena de hechizo,
ni el muchacho siquiera, más muy prohibido
lo tuviera, ¡peligro!, de entrar en el cobertizo.

Pero la curiosodad infantil llega a ser un poco víl,
y más le valiera haberse quedado de puertas afuera,
no habiendo traspasado el límite que el mago le mostrara,
quedando estupefacto con los artilugios que encontrara.

Cuencos, pucheros hirviendo, escobas bailando,
un sinfín de objetos hechizados por el alquimista,
con movimientos desafiantes de la gravedad,
que el muchacho de miedo se tapaba la vista.

No podía creer tan maravillosa experiencia,
libros a centenares llenos de polvo en los estantes,
plumas y tinteros de colores nunca vistos,
oliendo a incienso cualquier rincón de la estancia.

Destacando por su grosor y peso, un enorme libro,
muy viejo y descolorido con letras negras impresas,
conjuros, hechizos, plegarias, dilemas y plebendas,
todo para encantamientos y demás sortilegios.

Alucinaba, ¡o el demonio le asustaba con sus maleficios!,
al paso le salió el mago frunciendo el ceño con enfado,
era peligroso tocar o conjurar, el daño sería de cuidado
mientras salían y cerraba la habitación con candado.

Bajando las escaleras, suvizando la mirada,
escapándose por los gruesos labios una sonrisa,
tierna y amable de un anciano venerable,
el mago prometióle enseñarle sus secretos,
guardados durante milenios por sus ancestros.

Pasaba el tiempo con la suavidad de una brisa,
el aprendiz se convirtió en sabio alquimista,
y por muchos años no se supo de él, ni tuvo visita,
acabando esta historia por perderse en el tiempo.

Mientras, nuestro pequeño alquimista experimentaba
con las leyes secretas del universo inmaterial,
mano a mano con las fuerzas del poder mental
llegando a ser el mago más sabio y poderoso
no teniendo a su altura nadie como rival.

Magnífico cuento cantado en versos, Sergio, muy buena reflexión, cuando se quiere y prende bien, sería el resultado de un verdadero maestro en su arte. Te dejo mis estrellitas y un abrazo enorme.
 
Windfren era un muchacho huérfano y feliz,
jamás había cometido ningun desliz,
un mago de la época lo tomó por tutela,
como aprendiz y recadero si quería la panza llena.

El mago y alquimista guardaba sus objetos bajo llave,
nadie podría entrar bajo pena de hechizo,
ni el muchacho siquiera, más muy prohibido
lo tuviera, ¡peligro!, de entrar en el cobertizo.

Pero la curiosodad infantil llega a ser un poco víl,
y más le valiera haberse quedado de puertas afuera,
no habiendo traspasado el límite que el mago le mostrara,
quedando estupefacto con los artilugios que encontrara.

Cuencos, pucheros hirviendo, escobas bailando,
un sinfín de objetos hechizados por el alquimista,
con movimientos desafiantes de la gravedad,
que el muchacho de miedo se tapaba la vista.

No podía creer tan maravillosa experiencia,
libros a centenares llenos de polvo en los estantes,
plumas y tinteros de colores nunca vistos,
oliendo a incienso cualquier rincón de la estancia.

Destacando por su grosor y peso, un enorme libro,
muy viejo y descolorido con letras negras impresas,
conjuros, hechizos, plegarias, dilemas y plebendas,
todo para encantamientos y demás sortilegios.

Alucinaba, ¡o el demonio le asustaba con sus maleficios!,
al paso le salió el mago frunciendo el ceño con enfado,
era peligroso tocar o conjurar, el daño sería de cuidado
mientras salían y cerraba la habitación con candado.

Bajando las escaleras, suvizando la mirada,
escapándose por los gruesos labios una sonrisa,
tierna y amable de un anciano venerable,
el mago prometióle enseñarle sus secretos,
guardados durante milenios por sus ancestros.

Pasaba el tiempo con la suavidad de una brisa,
el aprendiz se convirtió en sabio alquimista,
y por muchos años no se supo de él, ni tuvo visita,
acabando esta historia por perderse en el tiempo.

Mientras, nuestro pequeño alquimista experimentaba
con las leyes secretas del universo inmaterial,
mano a mano con las fuerzas del poder mental
llegando a ser el mago más sabio y poderoso
no teniendo a su altura nadie como rival.


MI amirog Setgio
estupefacto con está magnífica
obra que me ha encantado
te mando mis respetos
y mi admiración poeta escribes de maravilla
un abrazo y unos lucero
para iluminar este magnífico poema
te aprecio hermano nos leemos :):)
 

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